El retorno del olivo

El retorno del olivo

[Francisco Morales Amaro]

Aquel que encuentre este relato se verá inmerso y protagonista en una historia que comenzó no hace mucho tiempo, si tuviera en cuenta la creación del espacio-tiempo.

Mi enfermedad, que no recuerdo ahora como se llama, pero tal vez mañana sí me acuerde…, o… tal vez… no, me obliga a escribir lo sucedido. Me llamo Menelik Anuar, guardián de los tesoros que el hombre se dejó en el planeta Tierra, y que uno de ellos corre a mi cargo y en el tuyo…sí, en el tuyo.

Me encuentro a dos parsecs de la estrella HG7, en el planeta número 21 de la constelación Almiva. En este momento son las 22 horas y 16 minutos, por lo que la batería de mi sonda dejará de funcionar dentro de tres lunas.

El hombre de la Tierra dejó de ser civilizado (desde las primeras defensas de sus fronteras), era incapaz de compartir, la mentira se tragó su sabiduría, estaba lleno de vicio…, y del amor (palabra que utilizaban en innumerables canciones)…, del amor no sé. No se dieron cuenta de lo privilegiados que fueron, pues su planeta les proporcionaba los recursos necesarios para sus vidas (oxígeno, tierra, agua). En cuanto a su fisonomía, eran unos seres bípedos con cinco falanges en sus manos que les permitían transmitir el lenguaje y domesticar la tierra.

Un tallo leñoso nació en la superficie de aquel cuerpo celeste (luego grisáceo y más tarde  rojo) que alcanzaba cierta altura con su madurez, siendo ahora el tesoro por el cual cumplo con mi misión de protegerlo. Muy sabio este ser, se mantuvo mediante sus semillas de centuria en centuria. Qué sabia fue la naturaleza de proporcionarle esa condición porque aprendió que el humano era un ser destructor.

Las fuentes indican que surgió en Turquía y en Siria, que después se llamarían Restia y Frane, colonias del condado..., uhmm…, no recuerdo ahora…, y que lo propagó una civilización llamada fenicia hasta establecerse en Jaén (Yaiyan), que mantuvo su nombre hasta la era del Gobernador Iroshi Yakuma.

Hubo un tiempo de vacío en esta civilización, de progreso ralentizado, por la vaga asimilación de elementos culturales de distintos grupos humanos, comprendido en el periodo de tiempo desde el nacimiento de la globalización hasta el descubrimiento de los ``alimentos probeta´´ (mirar anexo del catálogo 4.1 de mi CPU). A partir de este momento, los tiempos atmosféricos cambiaban demasiado rápido y los tallos leñosos de las tierras de Jaén fueron desplazados a latitudes más septentrionales, en torno a 42°19′55″ y 50°28′00″, coordenadas correspondientes a un antiguo país soberano gobernado por Emmanuel Macron. Sólo quedaban en ese lugar unos restos de museos que seguían una disposición regular al margen de lo que fue un río, llamado Guadalbullón. Los bosques de galería, que nacían en la orilla del torrente, eran un lugar idóneo para las construcciones de esos inmuebles, por la suavidad de las temperaturas que ofrecían, y así de este modo protegerían las especies de olivo que se exhibían. La actividad olivarera se reducía poco a poco y la demanda del olivoturismo (ruta olivarera Cambil-Mengíbar) crecía, hasta que el cuerpo celeste cambió de tonalidad y todo se paralizó, como el momento en el que tú ves un libro sin texto, pero eso es otra historia.

La relación olivo-humano era armoniosa en sus orígenes; las familias se beneficiaban del elixir de color oro (piedra apreciada por estos seres) que proporcionaba el árbol, integrado en su dieta como en sus noches, ya que cuando desaparecía su estrella por el oeste, les servía para iluminarse (en un momento les sirvió de carburante). La jerarquía que desempeñaba el cuidado de estos tallos leñosos cada vez era más poderosa y sus manos dejaron de trabajarla, siendo sustituidas por máquinas ruidosas, en un primer momento, y por sistemas gravitacionales posteriormente, sistemas que funcionaban a través de un campo magnético que atraía el fruto al firme.

Querían internacionalización para estos tallos, pues la tuvieron, mire donde se haya ahora…, conmigo en este planeta. Querían dinero y mire ahora…, un tesoro de valor incalculable… Y se preguntará… ¿esto es lo que querían realmente?, ¿dónde están esos seres?

La corrupción, la mentira y el poder les obligaron a abandonar el planeta, ya que era prácticamente inhabitable, olvidándose de lo que verdaderamente los mantuvo, la armonía. ¿Pero cómo no se dieron cuenta al ver un plato (recipiente cóncavo) de aceitunas (fruto del olivo comestible) en esas tascas (lugar de reunión típico en Yaiyan o Jaén), que ahí estaba la solución de su “exterminio”´? Simplemente porque el ser humano era ciego en los pequeños detalles, incapaces de captar la bondad que tenía el olivo de regalarle su aceituna, una pequeña parte de su vida, exhibida en aquellos platos lisos. De esta manera les llevó al olvido de donde vinieron, sin saber a dónde se dirigían, estaban sin rumbo, dejando poco a poco de lado la acción de compartir, que era clave para la unidad global de su civilización y acabar con las diferencias (el olivo ofrecía diferentes tipos de aceituna: arbequina, picual, cordobesa, aloreña, gordal…, eran diferentes, pero igual de apetitosas, según las fuentes que muestra mi CPU).  Podría decir que esto es lo que querían, no se ayudaron de su historia para entender lo que les sucedía en su presente. Porque su presente era el resultado de su pasado y si miraron hacia atrás en algún momento, no era para reconocer sus errores, ya que estaban inmersos de orgullo, sino para ver cómo era la moda.

Me encuentro fatigado, las tempestades de este lugar están en lucha constante conmigo y mi energía se agota poco a poco, pero los recuerdos y el pensar que voy a ser padre de una niña me mantienen vivo.

Recuerdo que un sabio profesor compartió conmigo una leyenda del planeta Tierra, que cuenta la lucha del dios Poseidón y una diosa llamada Atenea por la supremacía en la protección de una ciudad. El rey de los dioses (Zeus) prometió conceder el territorio a aquel que aportase el regalo más útil para la humanidad. Poseidón aportó un caballo para que los ejércitos fueran invencibles y Atenea, muy sabia, hizo brotar un olivo, siendo la vencedora, ya que este proporcionaba alimento y fuente de luz. Hazle llegar el nombre de Atenea a mi hija, pues aún no tiene.

Cada 6 horas me desplazo en dirección norte hasta llegar a una anaranjada colina de llana cima. Allí las pisadas se borran con facilidad, y tomo la decisión de sentarme alrededor de unos amigos muy poco expresivos, poco charlatanes, incapaces de moverse un milímetro, que piensan lo mismo que yo y me imitan a la perfección. Debatimos si la Geografía determina a la Historia, y no nos ponemos de acuerdo, siempre termino enojado conmigo mismo. Ojalá estos amigos no fueran piedras… Este planeta es muy distinto al mío, pero es agradable estar aquí, conoces cosas de ti mismo que no sabías y he descubierto que soy un gran observador, aquí me crece el pelo más apresurado y mi piel toma un color distinto al habitual, además soy capaz de escuchar los latidos de mi corazón, cosa que antes no notaba. Será porque tienes todo el tiempo para ti y no hay nada que te perturbe, quizás el humano debió haber experimentado esto.

La planta me acompaña en toda la actividad diaria que desarrollo, se encuentra dentro de un módulo y con las condiciones climáticas necesarias para sobrevivir. Me pareció interesante saber que le gusta que se le entierre sus hojas en la tierra, alrededor de su tronco, para mantener la humedad y combatir mejor los meses estivales (típico del Clima Mediterráneo). Este módulo te proporcionará toda la información sobre este árbol y las instrucciones a seguir. No prediques nada de esta historia, haz una nueva, pues los recuerdos a veces no son para aprender de los errores, sino para tener presentes los males y alimentar prejuicios. Sé un buen ser. Me apetece una tapa…

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