Carta al olivar

Carta al olivar

[Carmen Martínez Marín]

¡Me gusta este paisaje, Marina!

El tronco, las ramas, la flor, el fruto, el aceite de oliva, el olivar…

Contemplar los cerros, las montañas, las lomas, las laderas de la provincia de Jaén, es un espectáculo. Un mar de olivos que destaca en hileras sobre una tierra húmeda y fértil que deja con la boca abierta por su extensión.

Abarcar con la mirada las planicies del olivar que superan el horizonte azul en los días de buen sol o, si hay bruma, el moteado de sus copas parece adornar con naturalidad un paisaje único. Al disiparse la niebla es como si fueran los personajes de un escenario amable, un teatro natural que al subir el telón representara una obra de la naturaleza y el hombre no permite apartar la vista. Si además la niebla levanta con sol de tarde, como las de paseo, la belleza es extraordinaria. La retina se expande sin parpadeo.

Descubrir el día que llueve o nieva cómo la tierra se siente agradecida y los olivos se yerguen contentos, armoniosos, bendiciendo esa misma tierra que los sujeta. De esto sabe mucho el hombre que los cultiva. El olivar se cubre con un manto blanco y la luz de los días de invierno refulge aún más.

Encontrar en primavera a los aceituneros satisfechos al ver los olivos viejos con su tronco retorcido y sus ramas preñadas de hojas y flor. Una flor en racimo, diminuta, al sol y a la sombra, allá arriba, acá abajo para llegar a su debido tiempo a ese fruto preciado que es la aceituna.

Entender a los hombres del olivar que miran y cuidan sus olivos para que la cosecha sea buena cuando llegue la hora de varear en las amanecidas frías, después de la luna llena.

Agradecer a la tierra y al árbol fuerte la cantidad de fruto que llenará los sacos de aceitunas y dejar el olivar vacío, que respire al aire que lo mece ligero en su cantar verde y alegre. Las chimeneas de los cortijos blancos soplarán el humo de guiso llenando los estómagos de los aceituneros después de la faena de sol a sol y los hombres y mujeres hagan su descanso.

Ver llenar las almazaras de aceituna limpia y lavada para exprimirla, molerla o prensarla, dando lugar a ese líquido dorado que es el aceite. Una faena laboriosa que verá la vida después de la recolección en la estación otoñal. Y disfrutarán de este regalo que es el aceite.

Oler y saborear el aceite en cualquiera de sus variedades: picual, arbequina, hojiblanca o cornicabra… Con pan tostado por las mañanas, unas aceitunas en el vermú del aperitivo, en ensalada a mediodía, unos calamares a la andaluza por la noche. Todo siempre con aceite de oliva. Un placer siempre, rebañar un trozo de pan en un plato con aceite. Además de todas las propiedades que tiene el aceite de oliva virgen para la alimentación por su poder antioxidante, ahora se hacen cremas y potingues para la piel. La nutre y enriquece, dejándola suave y tersa, muchas son artesanales, existen montones de recetas.

El aceite de oliva es un rico elemento que nos da la tierra y las manos de las mujeres y hombres que la trabajan. Del olivar y su fruto viven muchas familias en Andalucía, se cuentan por millones los olivos en Jaén donde hay más de quinientas mil hectáreas de olivar.

El cultivo del olivo, la elaboración, usanza de la aceituna y sobre todo la producción de aceite no es reciente, es una costumbre que viene de muy lejos, de aquella remota época en la que los griegos viajaron por el mundo. Después los romanos, con su influencia en toda la Península Ibérica, plantaron olivos, produjeron aceite y lo llevaron en vasijas de cerámica en barcos por todo el Mediterráneo.

Además, el olivar, el aceite, las aceitunas y los aceituneros de Jaén han servido de inspiración en Literatura. Son los poetas los que más jugo le han sabido sacar en sus composiciones. ¡Lee con atención, Marina!

ACEITUNEROS de Miguel Hernández 1910-1942

¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién,
de quién son estos olivos?

PAISAJE de  Federico García Lorca 1998-1936

Sobre el olivar
hay un cielo hundido
y una lluvia oscura
de luceros fríos.

APUNTES de Antonio Machado 1875-1939

I

Desde mi ventana,
¡campo de Baeza,
a la luna clara!
¡Montes de Cazorla,
Aznaitín y Mágina!
¡De luna y de piedra
también los cachorros
de Sierra Morena! 

¿QUÉ ES UN OLIVO? de Rafael Alberti 1902-1999

¿Qué es un olivo?
Un olivo
es un viejo, viejo, viejo
y es un niño
con una rama en la frente
y colgado en la cintura
un saquito todo lleno
de aceitunas.

También el olivo, la aceituna, el aceite y el olivar sirven hoy en día como motor de una actividad: el oleoturismo, acertada propuesta que proyecta a Jaén y toda su provincia como la mayor exportadora de aceite del mundo: rutas por almazaras, gastronomía, alojamientos en cortijos, casas rurales, degustación y catas de aceite. El mundo del aceite de oliva es un mundo infinito por su olor, color y sabor.

Querida nieta:

Me gusta este paisaje. El tronco, las ramas, la flor, el fruto, el aceite de oliva. Contemplar, abarcar, descubrir, encontrar, entender, leer, agradecer, ver, oler, saborear el aceite de oliva, el cultivo del olivo, el olivar. Creo que con todo lo que te he contado tendrás, espero yo, suficiente para tu trabajo de la escuela.

Nieta querida, ha sido un placer ayudarte y que mis pequeños conocimientos sobre el aceite, según me pedías en tu última carta, te sirvan y saques provechosos resultados en la redacción que tienes que hacer para la asignatura de Sociales.

Yo he disfrutado mucho tomando los apuntes y notas que te envío, buscando en los manuales que aún conservo, leyendo a mis poetas preferidos, navegando por internet, ya sabes que soy una abuela puesta al día. Tú haces con mis palabras lo que quieras, lee despacio y saca tus propias conclusiones, utiliza y comprueba datos. Después redactas. Segura estoy que lo harás muy bien.

¡Ah, se me olvidaba! También he encontrado por ahí algún refrán: “Agua y luna, tiempo de aceituna”. En fin, esto no es necesario, sin embargo ya sabes cómo me gustan los refranes populares.

Y no olvides en tu próxima carta enviarme la redacción. No hay nada que me guste más que el género epistolar. Así se llama cuando nos intercambiamos cartas como lo hacemos tú y yo, hoy en colosal desuso. Y busca un título atractivo para tu trabajo, siempre es importante.

Espero y deseo que mi “Carta al olivar” sea de tu agrado, a mí me ha gustado redactarla. Ha sido delicioso estar unos días ocupada buscando documentación. Ya sabes, te quiero mucho, nieta. Me gustaría que estuvieses más cerca, qué digo, lo estás, siempre lo estás por medio de estas cartas que nos enviamos.

Sigue creciendo, Marina.

Tu abuela, una maestra jubilada.

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