Cuento del aceite

Cuento del aceite

[Tere]

Hola. Soy el aceite de oliva y os voy a contar mi historia:

Yo vengo de la aceituna y, a su vez, la aceituna viene del olivo. Os voy a hablar de mis orígenes: algunos pueblos antiguos pensaban que el olivo venía del poder de Hércules o de Atenea, pero no es así. Esta es la verdadera historia:

“Esto ocurrió en la ciudad de Siria, en el campo, donde dos hombres mantenían una conversación:

–¿Pero esto qué es? –preguntó uno.

–No lo sé. A lo mejor te has equivocado de semilla al plantar –respondió el otro.

–No. De eso estoy seguro.

–Entonces..., ¿qué es? –preguntó.

–No lo sé. Vamos a coger muestras y a dárselas a Balter. Él sabrá que hacer.

–Vale, Olíval, ¿te sabes el camino? –preguntó.

–Claro, ¿lo dudabas, Dante?

–Mmmm... interesante –dijo Balter, examinando las muestras–. Entonces, ¿os lo habéis encontrado en tu terreno, no, Olíval? –preguntó.

–Lo descubrí y llamé a Dante. Y nos pusimos de acuerdo en venir a verte –respondió Olíval.

–Bueno... tras examinar las muestras y revisar en los archivos mundiales del G.A.M. (Grupo de Árboles Mundiales) tengo un veredicto.

–¿Cuál? ¿Cuál? –preguntó Dante nervioso.

–Olíval ha descubierto una nueva especie de árbol. Y como Olíval la ha descubierto, él será el que le pondrá nombre –respondió Balter.

–Olivo –repondió Olíval tras recapacitar un par de minutos–. Olivo. Así lo llamaré.

Y desde ese momento se empezó a cultivar este árbol, el olivo.

–Puaj, ¡qué asco! –exclamó Laima, la hermana de Olíval.

–¿Por qué? ¿Qué has tocado? –preguntó Olíval.

–A este fruto, al aplastarlo, le sale un líquido morado –respondió Laima.

–Dame que lo pruebe –dijo Dante, al tiempo que cogía el fruto y lo probaba.

-Mmmm... está rico –respondió Dante, mientras lo volvía a probar.

–A ver que lo pruebe –dijo Olíval.

–No sé cómo os podéis comer eso –exclamó Laima con cara de asco.

–Pues está rico –dijo Olíval, mientras lo probaba.

–¿Y si nos hacemos ricos con este líquido? –preguntó Dante.

–Claro, ricos. Todo muy normal –dijo Laima con tono irónico.

–Pues... no es mala idea –respondió Olíval.

–¡Que no es mala idea! Madre mía, a vosotros os faltan un par de tornillos. Bueno, yo me voy, que tengo que estudiar –exclamó Laima, indignada, mientras se iba.

–Bueno, ¿y ahora qué hacemos? –preguntó Dante.

–Vamos a visitar a un viejo amigo mío –respondió Olíval.

–Hola, Jim –saludó Olíval.

–Buenas, Olíval –respondió Jim.

–Dante, te presento a Jim, un viejo amigo mío. Mi padre y él eran grandes amigos y me conoce desde que nací –explicó Olíval.

–Hola –saludó Dante.

–¿Qué tal? –preguntó Jim, al mismo tiempo que se estrechaban las manos.

–Bueno... a lo que venía. ¿Sabes que he descubierto una nueva especie de árbol, no? –preguntó Olíval.

–Sí, estoy al corriente –respondió Jim.

–Me gustaría que nos prestases tu vieja fábrica, porque hemos descubierto el fruto del olivo y podríamos montar un negocio –pidió Olíval.

–Bueno... yo ya estoy viejo y ya mismo me voy a jubilar. Bueno..., te la dejo –respondió Jim después de reflexionar durante varios minutos–. Pero, ¿cómo vais a llamar al fruto? No lo podéis llamar fruto –dijo Jim.

–Lo llamaré oliva –respondió .

–Vale, por mí estupendo –dijo Jim.

–Dante, vamos, tenemos mucho trabajo –exclamó Olíval.

–Perfecto –respondió Olíval.

Dante y él llevaban tres horas en una reunión con Balter, un ingeniero y un agricultor. Habían hablado sobre el cultivo, la fábrica y el negocio.

Estas son las notas de Olíval:

           ACEITE ( LÍQUIDO )
 Aceite de Oliva

Semibueno.

            Aceite de Oliva Virgen

Bueno.

Aceite dfe Oliva Virgen Extra

Excelente.

 

 

 

          OLIVA ( O ACEITUNA )
         CUATRO GRANDES CLASES
           1·Arbequina.
            2·Cornicabra.
          3·Picual.
          4·Hojiblanca.

–Bueno, aquí está –dijo Olíval.

–Totalmente –respondió Dante.

Habían sido 8 meses de duro trabajo, arreglando la fábrica y pensando en todo, pero, por fin, estaba todo terminado.

–Bueno, al fin y al cabo no era un plan tan descabellado –dijo Olíval, pensando en su hermana y cómo se había puesto cuando pensaron en la idea, y se rio.

–Ya es hora de entrar en acción –exclamó Dante.

–Y tanto, amigo mío –dijo Olíval sonriendo.

Habían pasado tres años desde la apertura de la fábrica y había sido todo un éxito. Olíval vivía ahora en un chalé, con su mujer y su hija, y Dante vivía en una bonita casa de campo con su marido. Dante la había pedido la mano en un pueblecito de París, después de que la fábrica hubiera sido todo un éxito.

Se demostró que el aceite era muy sano y que cada aceituna le daba un toque diferente. También se cultivó la aceituna de mesa, que era un alimento exquisito.

–Al final no era una idea tan tonta –pensó Laima contemplando la fábrica, sonriendo.

–Rápido, tenemos que irnos –exclamó Olíval.

Tenían doscientos barcos llenos de aceitunas y aceite para extenderlos por toda Europa.

–Deprisa, rumbo a Andalucía.

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