Esta es nuestra vida, esta es nuestra tierra

Esta es nuestra vida, esta es nuestra tierra

[Lola Madero Calmaestra]

No sé si sabéis, vosotros que leéis mis palabras, que existe un lugar en el mundo poblado de árboles mágicos, eternos, perennes en nuestra realidad caduca. Olivos perpetuos en filas interminables cubren nuestra tierra, tierra que existe por ellos, que se enreda en sus raíces para evitar caer en la árida miseria de un campo vacío de vida.

Cuenta la leyenda, perdida en el origen de los tiempos, que Atenea, Diosa justa y sabia, tras una lucha con Poseidón, Dios de los mares, hizo brotar el primer olivo, símbolo y regalo de prosperidad, paz y esperanza. Presencia permanente en nuestro antiguo mundo, custodiado por griegos, fenicios, egipcios, romanos, protector constante en su historia, en sus vidas.

Viajero con ellos, surcando mares hasta tierras extrañas, conquistando territorios yermos, portando entre sus ramas bendición, suerte, constancia, firmeza. Superviviente del diluvio universal, símbolo de la alegría y fiesta del Mesías en su entrada triunfal a Jerusalén, acompañante de Jesús en una noche de agonía y traición, unido a Él en su rezo de soledad.

Durante miles de años, estos árboles han conformado una parte imprescindible de nuestro mundo, han visto crecer y hasta morir, bajos sus ramas, a aquellos que aun siendo niños los sembraron con la ilusión de verlos crecer fuertemente aferrados a nuestra tierra.

Aquí, en este lugar del que hoy os hablo, todos somos herederos de este amor por unos hermosos árboles a los que mimamos, cuidamos con la seguridad incierta de sabernos recompensados. Olivos que son nuestro pasado, presente y esperamos nuestro futuro.

Ejército firme, inamovible, anclado en nuestro horizonte, leal compañero de nuestra mirada. Contemplamos su doblado y tortuoso tronco, acariciamos sus delgadas hojas, oramos para que una impredecible, escasa y anhelada lluvia los rocíe.

Tierra agradecida que se conforma con unas pocas gotas de agua entregada del cielo, tierra orgullosa que no desfallece, tierra honesta que nos entrega siempre lo mucho o lo poco que tiene, tierra que jamás guarda nada.

Vosotros, lectores que desconocéis esta historia, debéis de saber que quedaréis atrapados en esta aventura de pasión, cultura, naturaleza, vida. Y cuando el deseo de conocer este lugar os roce el alma, cuando deseéis pasear por nuestros campos, escuchar el susurro de nuestros olivos y probar nuestro aceite, estaremos aquí, esperando vuestra llegada para acompañaros, ofreceros la experiencia única de un viaje al interior de este fascinante universo inmerso en el mundo.

Somos un pueblo noble, trabajador, generoso, acogedor, sencillo. Heredero de tradiciones respetadas, intentando no anclarse a un pasado reciente imposible de olvidar, entregado a cuidar el gran legado plantado en nuestra campiña, en nuestra sierra, preocupados por cada olivo, por cada aceituna. Emocionados con cada gota de aceite que nos concede, esencia dorada, jugo de esta nuestra tierra.

Queremos que conozcáis la historia de nuestros mayores, de cómo trabajaban de sol a sol, recorriendo los polvorientos caminos, labrando con sus manos, uno a uno, cada árbol, recogiendo, uno a uno, su preciado fruto.

Os acogeremos en nobles casas rodeadas de un campo extenso, cortijos blancos de recias paredes que destacan entre el verde olivar. Casas que os hospedarán y os transmitirán las vidas vividas entre sus fuertes muros, existencias duras en épocas de difíciles opciones, donde los caminos estaban marcados y de los que poco a poco, estas nobles gentes fueron partiendo para luego regresar.

En esta nuestra tierra, sus hombres y mujeres desearon cambiar sus vidas para alcanzar un futuro mejor, estudiaron, trabajaron, viajaron, aprendieron. Recordaron, con la experiencia de la distancia y el dolor de la ausencia, que lo que poseían, aquí en su hogar, era lo más especial que podían tener. Todos los que se marcharon desearon, desde el primer instante de su partida, en el fondo de su corazón, volver. Reanudar amistades, costumbres, continuar con los proyectos dejados, con las vidas interrumpidas, seguir viendo crecer sus olivos añorados.

Os enseñaremos cómo recogemos nuestras preciadas aceitunas, caminaréis con nosotros, al amanecer, por los fríos campos, con el suelo crujiendo, helado bajo nuestros pies, los árboles cubiertos de un brillante rocío y vuestras manos temblando, frotándolas frente al fuego, ya encendido, esperando su calor.

Comprenderéis el duro trabajo, el cansancio, el esfuerzo, pero también sentiréis la belleza del sol acariciando las hojas mojadas, el paisaje hermoso e inigualable que os rodea, las olas de olivos en el horizonte, los colores cambiantes, el olor de la tierra.

Acariciaréis las brillantes aceitunas, os mancharéis los dedos con su esencia, os alegraréis cuando vuestras manos se llenen de ellas, satisfechos al ver el fruto de tanto sacrificio.                                                                                                                              Compartiréis el trabajo, la tarea y las risas de una cuadrilla que es una familia, las bromas, los chistes y hasta aprenderéis cómo olvidan los problemas y solventan, sin rencor, las discusiones. No os molestará vuestro cuerpo cansado, no os importará manchar el rostro de sudor, polvo y barro, porque tendréis, al final de este intenso día, una sonrisa puesta en él.

Disfrutaréis de la mejor comida en el mejor lugar. Sentados en el tosco suelo de nuestros campos, un trozo de buen pan bañado de aceite en las manos, sin más compañía que un poco de queso, jamón, bacalao, con unos tiernos rábanos y una dulce naranja. Beberéis, como todos, de una vieja bota de vino, mojando vuestros labios llenos de risas.

Participaréis de la convivencia más sincera, compartiendo cada uno todo lo que tiene, ofreciendo lo suyo. Os obsequiaremos con nuestros sencillos bienes, sentiréis esta verdadera acogida, sin interés ni recompensa, sólo deseando permanecer en el recuerdo, esperando vuestra vuelta.

Nos acompañaréis al corazón de nuestras almazaras para que conozcáis cómo extraemos el zumo al fruto concedido por nuestro campo. Proceso artesano ya modernizado, con ríos de oro líquido preparado para ser envasado, enviado al mundo. Cataréis todos nuestros aceites, jugo dorado, de tonos verdosos, dulces, amargos, con aromas inolvidables. Néctar del primer día de una cosecha, estrellas de sabor, cuidados, mimados, únicos.

Guiaremos vuestro recorrido en esta fascinante tierra, os mostraremos la belleza de nuestros pueblos, pequeños muchos, Patrimonio de la Humanidad otros.                            Bellos, hermosos, desconocidos, lejanos, cercanos, todos extraordinarios, enclaves únicos en nuestro singular paisaje.

Castillos de cuento colgados entre montañas, torres, cosos, almenas. Necrópolis íberas, oppidum, santuarios, mosaicos romanos, museos, puentes, baños árabes, fortalezas,  plazas, balnearios, palacios. Magnas catedrales de infinita belleza elevadas hacia el cielo, nuestro cielo azul, limpio, brillante, inmenso. Un universo sobre nosotros plagado de estrellas, sin luces que contaminen su brillo. Lugares especiales de nuestra patria donde, en la noche, veremos intacto el firmamento, las estrellas nos rodearán y nos regalarán su luz. Cielos perfectos, impecables, bellos, experiencias únicas, inolvidables, repetibles. Patrimonio celestial.

Ya conocéis la existencia de estos árboles mágicos, bendecidos con el poder de la sanación, esencia extraída de su fruto, aceite puro que cura y mejora la vida, el cuerpo y el alma. Remedio de males, protector, sanador, alivio y energía nuestro.

Nuestra gente cree en él sobre todas las cosas, en su poder, en su total y absoluta capacidad de sanar, de recuperar la salud perdida. Nosotros, habitantes de esta ancestral región, adoramos y veneramos este fruto nuestro, ese trozo de nuestro corazón convertido en líquido de oro y vida.

Al final de vuestro viaje, cuando partáis de nuestro lado, os marcharéis sorprendidos, impresionados por el mundo que habéis descubierto, con alguna lágrima en los ojos, las manos llenas de nuestro tesoro y con el deseo de regresar. Y aunque, en algún segundo de estos intensos días, penséis que este no es vuestro sitio, cuando partáis, también en algún momento pensaréis que sí, que mereció la pena formar parte de nuestras vidas en esos instantes que compartisteis con nosotros. Sentiréis, en lo hondo de vuestro corazón, que esta tierra podría ser vuestro hogar y nosotros estaremos aquí siempre, esperando vuestra venida, vuestra llegada, vuestra vuelta.

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