Rosç,  nuestro próximo futuro

Rosç, nuestro próximo futuro

[Jesús Santos Fernández]

Desperté y volvía a llover. Bueno, en esta época ya no sabe una si llueve o vuelven a estar usando la manguera de simulación de lluvia. Bueno, digo yo que lo mejor sería comenzar por el principio, ¿no es así? Bueno, pues mi nombre es Rosç y sí, es uno de esos nombres bastante anticuados de mediados del siglo XXVII, pero bueno, mi madre “decidió” ponerme ese nombre. No sé si aún se puede utilizar el término de madre, pero posiblemente esté en desuso o incluso prohibido, la verdad es que ni lo sé ni me importa, nunca he sido muy buena en la escuela pero ahora mismo qué más da. También quiero informarte de que estoy viviendo desde hace varios meses en la cabaña de mi abuelo, lo hecho muchísimo de menos, murió hace cinco años, cuando yo tenía once y si has hecho bien la cuenta te darás cuenta de que precisamente ahora mismo tengo dieciséis. Quizás te estés preguntando qué hace una muchacha de dieciséis años viviendo sola en una cabaña de alguien difunto, bien, pues si es así, te lo voy a contar.

Aquella mañana yo volvía del colegio como de costumbre en el autobús volador, y sí, como de costumbre volví a fijarme en aquella muchacha de pelo cuyo color era intermedio entre un fuego rojizo y un sol de atardecer. Sus ojos eran azules, pero no un azul como eran típicos los ojos del siglo XXXI conseguidos a causa de la selección artificial, sino un azul típico de esos que decían haber cuando los primeros móviles fueron inventados y la gente creía que la fibra óptica era una pasada e iba a la velocidad de la luz, cosa que posteriormente se demostró que era una estafa del comercio informático, el mismo tiempo en el que aún existía algo llamado como “machachismo” o algo así por lo que los hombres se creían superiores a las mujeres (esto lo recuerdo porque me pareció una cosa bastante curiosa e interesante cuando lo dimos en clase de historia.). Su tez era morena, el típico moreno de bronceado de cuando vas al lago digital en verano y ponen esos paneles para que la gente se tueste, la verdad es que cuando era más pequeña me daba bastante miedo pues comenzaba eso a oler a barbacoa y temía que un monstruo detectase el olor y viniese a comernos; pero ese color de piel lo tenía siempre, tanto en invierno como en verano. A causa de estos comentarios la gente ha comenzado a especular que quizás su familia se saltase el protocolo de “Mejora de la civilización del siglo XXIII” o como nosotros lo llamamos MCTwentyTres pues rima y es más fácil recordarlo, pero, la verdad, es que es imposible que se hubiese evitado dicho protocolo pues nadie que fuese de piel morena, de cualquier religión y que tuviese otro color diferente al azul había sobrevivido, incluso años más tarde el gobierno continuó asesinando a las personas que tenían esos rasgos y así habían conseguido que solo existiese una única raza en la que todos eran blancos, con ojos de tonalidad azul eléctrico y de ninguna religión, evitando así el fanatismo extremo que había habido en ellas siglos anteriores. Hoy día era normal que existiesen personas con características diferentes, pero eran más bien deformaciones y problemas a causa de las vacunas que comenzaron a ponerle a las embarazadas a la hora del parto, pero sin duda como esta chica no había nadie.

Pues bien, una vez introducida a esta chica de la cual nunca llegué a saber su nombre, prosigo con la historia.

Tras mirarla tres o cuatro veces disimuladamente a través del reflejo que aparecía en la pantalla del televisor del bus supe que sentía algo por ella, me sentía atraída por ella, según decían eso no era normal, pues las mujeres solo debían sentirse atraídas por las tareas de la casa pero eso a mí no me importaba, yo sabía lo que sentía, yo sabía que eso era algo que los hombres (los cuales sí podían sentirse atraídos por otros hombres a la vez que por mujeres) llamaban “anor” o algo por el estilo. Yo estaba bastante feliz de sentir aquello pues siempre me pregunté que qué emociones tendría en el cuerpo un hombre que se enamoraba y sentí algo bastante extraño, como escarabajos en el estómago. Pues feliz por ello me dormí en el autobús y me tuvo que despertar la maldita conductora que tenía cara de bruja y casi me orino de miedo al verla cuando desperté y me dijo que ya había llegado a mi parada. Cogí mi mochila y comencé a recorrer el camino de vuelta.

Al llegar a la puerta de casa me encontré a mi padre con la vista perdida en el horizonte, pensativo, solo lo sacó de ese trance verme llegar; en cuanto entré en su campo de visión su cara esbozó una sonrisa, aunque, a la vez que sonreía, tenía una cara de preocupación. Yo aún no sabría el porqué de esa preocupación y aún quedaba un tiempo para saberlo.

Bueno, volviendo al tema que nos traíamos entre manos. Llegué a casa y lo saludé como siempre lo hacía, con un “Hey Daddy”, desde que todas las lenguas se unificaron y unas empezaron a ser utilizadas de modo formal y otras de modo informal a pesar de que todo el mundo las usaba en la forma en que querían. Tras el saludo fui a dejar mi mochila en mi habitación, sobre la cama como era costumbre, pero me encontré mi diario abierto. Alguien había roto el candado y el único que podría haberlo hecho era mi padre. En ese diario tenía yo escritos todos mis secretos y la verdad es que todos se los había ido contando a mi padre cuando lo veía conveniente, pero había uno, uno solo que aún no le había comentado, el de la chica del bus en la cual me había fijado anteriormente y lo había apuntado también ahí. La verdad es que me sentía un poco decepcionada pues mi padre, aquella persona a la que tanto quería, había invadido mi privacidad y no me parecía justo así que fui a decírselo y a explicarle lo de la chica del autobús. Al llegar al salón, me senté en el sofá y comencé a hablarle, le conté todo sobre lo de la chica que había visto y lo que había sentido y le cambió la cara, puso una cara que nunca había visto, una cara de enfado, de decepción y comenzó a gritarme que eso no podía ser así, que las mujeres muchos años atrás habían luchado por tener trabajo y que el sueldo fuese igual al de los hombres, que si los hombres se habían callado y habían aceptado a cambio de que las mujeres fuesen solo un simple utensilio que trabajase tanto en casa como en los trabajos que no quisiese nadie y que fuesen una granja de óvulos que serían extraídos para insertarlos en los robots que darían a luz y evitarían que sintiesen el dolor del parto, que dos mujeres no pueden quererse porque daría lugar a una revolución y el mundo acabaría destrozado, que si quería sentir amor que me buscase a un hombre y le sirviese durante toda mi vida como habían hecho las mujeres antes y el resto no lo escuché, simplemente comenzaron a pitarme los oídos, sentí como un mareo y entre eso y el enfado que llevaba encima decidí coger mi mochila, las llaves de la cabaña del abuelo, mi hologramificador y salí de casa sin decir nada. Odiaba a mi padre, ¿quién se creía que era para hablarme de esa forma? Recuerdo que él había estado con un hombre cuando yo era pequeña y lo traía a casa, cosa que era totalmente normal, pero ¿por qué las mujeres no?

Después de correr como media hora sin rumbo, decidí comprar un billete y tomar el bus que iba a las afueras de la ciudad, desde allí podría coger un vuela taxi (si no recuerdo mal antiguamente había algo parecido llamado “tilorona” o algo así) y llegar hasta la cabaña del abuelo. “La cabaña del abuelo”, es tan bonito decirlo… Recuerdo lo bien que me lo pasaba cuando era pequeña, con el abuelo, recuerdo que había un gran huerto y que más allá había un olivar, el abuelo me solía decir que no me acercase pues había malvados monstruos rondando por los alrededores. Recuerdo también la mesita de madera que el abuelo decía que era muy antigua, en la que siempre que llegaba tenía encendido el ajedrez digital, recuerdo las tardes que pasaba con él jugando en la arena, con el cubo moldeador y el gran castillo que hicimos al ir haciendo bloque por bloque de arena, aunque al final el abuelo no me dejó quedarme a dormir porque esa noche ponía tormenta y si llovía toda la arena caería sobre mí dejándome enterrada.

Bueno, tras llegar descubrí que todo había cambiado muchísimo, el huerto estaba lleno de hierba, hierba alta, aunque era bonito ver cómo danzaba a causa del viento. El olivar seguía teniendo los olivos, pero estos estaban sin cuidar y habían crecido en diferentes direcciones. Verlos así me hizo recordar que llevaban muchos años sin exportar el aceite del abuelo; desde que él murió, muchas empresas se ofrecieron a continuar su negocio, pero ninguna lo hizo realmente a pesar de que mi padre les dio luz verde para ello. Tras pensar todo esto decidí entrar en la cabaña, la cual era más grande de lo que recordaba, a partir de ahora viviría allí y sabía la dirección, así que decidí usar mi hologramificador para pedir comida. Resultaba bastante fácil el pago pues se hacía por transferencia bancaria y, a decir verdad, el dinero me sobraba un poco debido a que mi abuelo había forjado un gran monopolio en el comercio de aceite de oliva por lo que a todo el mundo le parece raro todo el tema ese de que nadie quisiese hacerse cargo tras su muerte. La verdad es que su muerte también fue bastante curiosa, a la par de extraña; recuerdo venir a visitarlo el día antes y haber estado jugando con él, a pesar de ser yo bastante pequeña. Aún me sigue pareciendo que estaba en plena forma y al día siguiente mi padre recibió el mensaje de que mi abuelo había fallecido a causa de la ingesta de productos de dudosa procedencia. Mi padre tampoco se entristeció mucho y la verdad es que no sé por qué, quizás solo le importaba su bienestar, al fin y al cabo, no puedes llorar por leche derramada a causa de la muerte ya que no serviría de nada.

Y así llegamos hasta el día de hoy; como ya comenté estaba lloviendo, o al menos estaban haciendo llover para que aumentase la humedad. La verdad es que no me importaba demasiado, era verano y en verano tenemos mucho tiempo libre, pero la verdad es que no sabemos en qué utilizarlo. Desde que me escapé y dejé la escuela empecé a trabajar en el huerto del abuelo; me llevó mucho trabajo quitar toda la hierba y echar a todos esos animales que venían a comer, pero al final lo conseguí. La verdad es que me agrada bastante que llueva debido a que así no he de salir yo y ponerme a regar los cultivos, pues es un rollo, decidí ponerme a limpiar, pero la casa es demasiado grande, así que decidí tomar el paso. Desde hacía una semana, o quizás un poco más, me había agregado alguien al hologramificador y seguro que no os lo podéis creer, pero era aquella chica en la que me había fijado. No sé cómo consiguió mi número de identificación hologramal (al que todo el mundo llamábamos “IH”) para agregarme, pero eso no importaba. En el mensaje para agregar decía: “Hola Rosç, seguro te preguntas quién soy, pero seguro que si te digo que soy la chica del autobús me reconocerás”. Me emocioné mucho, me emocioné demasiado y casi me desmayo pero bueno, hoy al fin voy a responderle.

Le mandé un mensaje en el que la invitaba a venir a casa y ahora mismo está tocando la puerta; espero que le guste, de todas formas le hace falta un poco de limpieza. Me dispongo a abrir y allí estaba ella. La invito a pasar y lo hace, pero lo que más me impresionó fue que dijese: “Oye, sé que llevas mucho tiempo limpiando, yo también quiero ayudar”. Tras decir aquello cogió un plumero y comenzó a limpiar, nos repartimos el trabajo, ella limpiaría la planta de arriba (donde se encontraban las habitaciones) y yo la de abajo. Pasadas un par de horas, escucho su voz viniendo de la entrada de las escaleras, me está llamando a gritos y voy a ver qué es lo que ocurre.

–Oye, mira, mira lo que acabo de encontrar. No era mi intención leerlo ni nada por el estilo, pero no lo pude evitar, era como si me estuviese llamando.

Sin pensarlo subo y me la encuentro en la habitación del abuelo con un libro abierto sobre su cama.

–“Corre, ven, mira lo que está escrito en su interior.

Mientras me acercaba me iba recorriendo un cosquilleo el cuerpo entero. En verdad yo sabía lo que había en ese libro, no mi cuerpo, ni mi mente, si no mi alma. “Diario de las injusticias sociales”, pude leer en la portada al cogerlo, estaba firmado por mi abuelo y comencé a leerlo.

Tras llevar media hora leyendo, me doy cuenta de qué es ese libro, era el diario de mi abuelo, él había vivido todas esas épocas, no era como si fuese una persona milenaria que ha vivido durante muchos siglos, no, en verdad lo que había ocurrido es que el Estado, el gobierno que nos lidera ahora, nos había lavado el cerebro a través de la televisión posiblemente, y había modificado el tiempo a su antojo. En verdad no estamos en el futuro, en verdad todos los avances tecnológicos estos ya existían, simplemente que no teníamos acceso a ellos, en verdad todo esto es una farsa, todo lo que nos han enseñado en la clase de historia sobre los avances en los diversos campos, todo lo que habíamos aprendido sobre el pasado no era tan lejano, en verdad todo había ocurrido en un periodo de unos cinco años. Mi abuelo lo había descubierto, mi abuelo lo había escrito, mi abuelo lo había dejado ahí para mí, para que yo descubriese la verdad, pero lamentablemente mi abuelo había muerto por ello.

Sentí como que me mareaba, creí que era por la impresión que me había causado descubrir todo aquello de repente, pero en verdad eso no era así, en verdad lo que me estaba haciendo que me marease era el gas, sí, “la chica del autobús” había aprovechado que yo leía el diario para abrir todas las entradas de gas posibles. Me quedé paralizada, no podía moverme, allí estaba yo, sin hacer nada, sin poder hacer nada, debido a que “mi amada” en verdad era un robot, un robot que trabajaba para el gobierno de ahora y me había inyectado con una de sus garras (sí, sus manos y uñas se habían transformado en garras) un líquido que me había inmovilizado de cintura para abajo. Afortunadamente tenía las manos libres y pude alcanzar mi hologramificador para llamar a mi padre y contarle todo antes de morir asfixiada; cuando lo creía todo perdido una luz apareció, pero tan rápido como vino, se fue. Maldije todo, sin señas, me habían cortado todo los medios de comunicación que podía usar, todo.

Al menos pude sacar algo en claro, todo esto había pasado debido a que unos años atrás habíamos intentado erradicar algunas cosas que nos parecían mal, pero a causa de centrarnos solo en esto, esas cosas menos malas, o incluso las que nos parecían que eran la mejor opción, habían tomado el control y habían dominado todo. Sí, es cierto que las cosas cambiaron, y que se consiguió lo que se pedía, pero ¿a qué precio? Muchas personas murieron por ello, y muchas otras morirán por ello. Según dicen todo en exceso es malo, hasta lo bueno acaba convirtiéndose en malo y así ha sucedido, hay que mantener un equilibrio entre lo bueno y lo malo. Según me enseñaron en la escuela había y hay una religión que posee algo llamado Ying-Yang y representa lo bueno que hay dentro de lo malo y lo malo que hay dentro de lo bueno, al juntarlos se produce el equilibrio perfecto. Si domina el bien al final acabará haciéndose malo, o incluso puede que estando el bien solo, ese mal que había comience a aumentar y a dominarlo todo, y lo mismo pasa con la otra parte. Es cierto que hay muchas cosas malas que no desearíamos que pasasen y que nos gustaría erradicar y muchos momentos desagradables en la vida, pero es que gracias a ellos podemos apreciar los buenos momentos.

Un golpe resonó por toda la casa. Alguien había abierto la puerta de una patada y empezaban a sonar pasos que provenían de la escalera. Me esperaba que fuese alguien del gobierno, pero no, para mi sorpresa era mi padre. Mi padre me había encontrado y había venido para rescatarme.

– Hola, cariño –me dijo con voz burlona–. He venido a rescatarte, no te preocupes, todo saldrá bien.

Sonaba raro, no era él, o quizás era su yo interior, ya no sabía quién era.

–Apártate de ella ahora mismo, puto artefacto inservible –le chilló a la chica robot que yo había invitado a entrar.

–Ahora lo sabes todo –continuó volviéndose hacia mí–, todo lo que te interesaba saber. De esto te he protegido todos estos años, pero te emperraste en vivir tu vida como tú quisieses, te escapaste de casa y viniste aquí hasta acabar encontrándolo. Esa es la razón por la que tu abuelo murió, y es la misma razón por la que morirás tú. Soy yo el que controla todo, el que está al mando del mundo y me caías muy bien. Quizás te preguntaste el porqué de cómo actúe tras la muerte de tu abuelo; no hice nada porque me encargué de matarlo yo, así tú nunca te enterarías de la verdad sobre este mundo.

–¡Espera! ¿Qué? ¡¿Qué se supone qué estás diciendo?!

–¿No querías saberlo? ¿Qué es lo que pasaba aquí? ¿Quién había elaborado la selección artificial y quién ha matado a todo el mundo? Pues fui yo, y ahora tú morirás a mis manos al igual que naciste. Yo te di la vida y yo te la quitaré.

No podía creérmelo, mi padre, o el que yo consideraba mi padre, era el hombre que se había encargado de lavarle el cerebro a todo el mundo y crear un mundo ideal para él, en el que todo fuese como él quisiese y lo que ocurriese que fuese algo fuera de lo normal era eliminado. Ahora él me iba a matar y nada de esto saldría a la luz, o quizás sí. Siempre tuve la sensación de que todo lo que pensaba se plasmaba en algún tipo de documento digital, creando algún tipo de historia o que quizás mis pensamientos pasasen a alguien y ese alguien lo escribía todo, la verdad es que no lo sé, y supongo que nunca lo sabré pero si eso está ocurriendo de verdad me gustaría dar las gracias, decir que todo esto han sido, como has podido comprobar, los pensamientos y las experiencias vividas por una chica de 16 años, gracias por haber leído mi historia y ojalá tengas en cuenta lo que pensé, el balance de lo bueno y malo. Hay que tener cuidado y no solo erradicar lo malo, si no mantenerlos balanceados y obteniendo así el equilibrio ideal para el mundo. Me gustaría decirte la fecha en la que ocurrió esto, pero en verdad no lo sé, quizás cinco o seis años después de la fecha en la que tú estás viviendo, solo quiero que pienses que no todo puede ser como queremos y que nunca lloverá a gusto de todos, sé que me repito, pero debemos tener muchísimo cuidado con lo que hacemos y las decisiones que tomamos día a día. Una pequeña acción puede desembocar en una gran reacción, un ejemplo es el conocidísimo “efecto mariposa”.

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