No me olvido del olivo

No me olvido del olivo

[Isidoro Guidrobros]

Sorprenda con historias palaciegas de alcobas oscuras supuestamente, ocultas. Revele datos. Enfoque un enroque claro. Cuente Guidrobros, cuente. Evada la trama y encienda la llama del oportunismo, mande humo y humor, al motor nervioso de la Improvisación creativa. Narre.

Batallas duras, camas blandas perfumadas de olivos y de olvidos… Ilumine a los lectores. Navegue sobre las olas que surfeaba el indomable Perfirius Tadeus. Hombre de las sierras de Jaén. Diestro espadachín. Alentador, pionero del olivo turismo. Se “olivaba” seguido de su casa. Un adelantado…

Un antecesor remoto extremadamente, pirata de alta estirpe, de su querido profesor Vicente Arquímides Tadeo, de la Universidad Popular de Wilde.  Gran inventor propulsor del pleno empleo. Un anzuelo eficaz para encarnar distintas tareas. Sustento bíblico la multiplicación. Nunca lo olvide… Recuerde, homenajee. Celebre a los célebres. Porque fueron y serán siempre, hombres inigualables. Habrá que imitarlos aprovechando y mejorando los ejemplos…

Debemos repartir entre los habitantes de nuestros suelos, las bondades que brinda la producción de un trabajo genuino. Y lo primero que debemos obtener es un amigo. Y usted, tiene y cuenta con el don de la amistad. Enhebre historias con furia literaria, haga hospitalaria la lectura veloz. Atrape, imante al desprevenido lector y conviértalo en un actor de reparto. Integre. Sume. Una, hermane. Esa es la idea que llevará la marea a otras tierras. La confraternidad sana.  Es y será, la manzana elegida… Nunca lo olvide. El olivo genera empleos…

Sola la capacidad de amar, y de dar, valor a nuestros semejantes, mejorará el tránsito de nuestras vidas. Iluminemos el camino con simpatía y lealtad… Hagamos lío, dijo Francisco. El Santo Padre, argentino y peronista.

Para luchar contra el hambre sembremos de olivo el mundo…

Entréguese a la maquinación literaria. Dele rienda suelta al potro salvaje de la creación, navegue a cielo abierto, despliegue velas, reme con pasión y furia. Arremeta convencido. Agitando las aguas turbias de la imaginación. Asombre al hombre común. Atrapándolo con un relato grato. Acaricie las almas de los hombres presurosos y poco venturosos. No se haga el oso mimoso y deje en reposo su imaginación. Elucubre un cuento que atraiga y traiga para Buenos Aires, la posibilidad de quedar ensartado como churrasco de coto, una antología donde puedan leerse sus cuentos. Para que algún día, los nietos por venir, sepan que el abuelo se animaba en otras costas, a cautivar atrevidos lectores, y por qué no, entreverarse con excelentes narradores de otras comarcas desconocidas.

Busque el fondo del mar como un atún que escapa a la red. Enhebre un hecho distinto, afectivo. Celebre con sus pares. Viaje por aguas profundas y no confunda el rumbo…

Abra el portal de internet, arrime unas líneas de humor, alegre a la gente. Cuente.

Pinte su aldea. Cumpla su mandato con destreza hacendosa. Honre la memoria de antecesores expertos. Hombres que dejaron huellas, marcas, estelas profundas, hasta en las distintas aguas que transitaron. Gladiadores, colonizadores que fueron abriendo rumbos en mentes diferentes. Sublimes exponentes de una raza siempre presente.

Le picotean el cráneo los consejos de sus maestros. Y aguerrido, como un pájaro carpintero, intenta perforar a puros picotazos un tronco grueso, hábitat extremo para realizar su nido…

Desparramando líneas que puedan tejer un manto firme, cruzando hiladas y colores, con el alarde del artesanado hilandero español. Fortaleza en el urdido de las telas. Velas que soportaron la fuerza del viento. Naves que aguantaron mil tormentas. Ductilidades con capacidad de ingenio para tramar una labor, que supo llenar de orgullo al Reino de Castilla.  Reino conquistador. Entrador como jeringa de hospital…

Terrenos alterados por invasiones de distintas razas. Fortaleza morisca para resguardarse y tener capacidad de fuego para desalentar al invasor, que constantemente aguijoneaba la zona. Tierras sembradas por embravecidas luchas fueron forjando un lugar para seres especiales, distintos y veloces. Tipos llenos de bravura, fuerza adiestrada en sacrificios bélicos.

Sabiduría con valor que se desparramaba en sus hombres poco conocidos. Entonces…

De acuerdo a documentación encontrada en la Biblioteca de la Universidad Popular de Wilde, rastreando antepasados de un fabuloso educador e inventivo, argentino y peronista, Vicente Arquímedes Tadeo (hombre que supo “parapentear” por el país andino, pionero en vuelos de ultralivianos sin motor), recaímos en la zona detallada. Donde un brillante antecesor de nuestro héroe vecinal fue colocando su granito de arena inventivo. Activo forjador de sueños.

Colaborando para engrandecer su terruño. Luchando para defender y extender dominios conquistados. Soldado, adherido a un poder que se destacaba en exploraciones diferentes…

Su nombre, Perfirius Tadeus, hombre diestro en el manejo de fierros cortantes. Sube la cima… Naturalmente, un osado conquistador. Marino, pero más bien un caballero andante. Un juglar de las sierras de Jaén. Bravío luchador, hábil espadachín, generoso parlanchín que recorría en épocas de sequías tabernas y otras casas donde proveyeran alcohol con farras en jaranas surtidas. Recitaba para demostrar sus condiciones especiales. Un comodín especial. Una carta brava para encarar cualquier entrevero fiero. Hombre eficaz, de buena verba. No existe documentación fotográfica veraz al respeto.  Fueron de boca en boca sus andanzas. Veloz mortal, entrenado a fondo, en el manejo de navajas y cuchillas.

Cuenta la leyenda de viejas lenguas de doble filo, lenguaraces del Guadalquivir y de otras sierras aledañas, que Tadeus hacía permanentemente alarde de grandeza y guapeza.

En las Fiestas Patronales que ya se plasmaban en la antigüedad, solía entretener a la multitud reunida descarozando el fruto preferido de esas tierras. Grandes productores de olivos. Tenían la fiesta de la aceituna. Una especialidad de la comarca. Fiesta altamente concurrida, famosa feria. Olivo para todos...

Entonces, podemos afirmar categóricamente que ha sido don Perfirius Tadeus un pionero desarrollador en el arte de la óleo industria. Hombre capacitado en el manejo verbal, fue capaz de considerar las diversas cualidades que poseía el fruto preferido de esas tierras. El olivo.

Si hoy hay un camino de agroturismo, no lo duden un instante, el creador fue Perfirius. Un temerario poco conocido. Hoy lo emergemos para su gente con la solemnidad de un acto de reparación histriónica e histórica. Pocas veces leídas.

Afecto a lo religioso, el protagonista da rienda suelta a su destreza para manejar armas blancas diferentes.Blandiendo un llamativo espadachín, fino, liviano, (fabricado y diseñado por él) daba cátedras de manejo. Capaz de cortarle las alas al vuelo a una mariposa. Preciso para capar un mosquito al oscuro. Casi un cirujano para el uso puntual del arma. Temible…

Eficaz, seguro. Dueño de una precisión espectacular. Entrenamiento constante. Precursor de la esgrima. Gustoso, alteraba el peso de las espadas. Modificando su territorio, achicando la superficie de choque. Afilando un estoque liviano, dañino a veces, mortal. Nadie como él. Su vida era un filo extraño. Brillaba. Una luz que encendía la estrella de la buenaventura de una industria que iba a terminar caracterizando la zona. Los olivares crecen y no se olvidan…

Bravo semental de una casta diferente. Un toro, todo terreno. Un promotor de sueños. Dueño de una hidalguía que se esparcía en conquistas. Asombraba. Enamoraba fácil. Osado actor…

Ambidiestro el hombre, esbozaba malabarismos atrevidos, humillando muchedumbres. Demostrando su versatilidad y rapidez para realizar un trabajo especial, con una gran herramienta, en una superficie pequeña. Con un solo golpe. Un puntazo agudo y seco.  Descarozaba sobre la mesa una aceituna con la precisión de un neurocirujano. Un mago raro, espectacular… Pulpa fresca del mejor de los olivos para disfrutar en generoso convite.

Saltaba el gentío aplaudiendo animosamente. Contentos por masticar el fruto querido de esas tierras de una forma poco ortodoxa, pero enamorando fuerte. Alegres por la suerte de contar con tan exquisito plato. Lo seguían de pueblo en pueblo. De aldea en aldea. Abre el abanico del agro turismo. La maravillosa acción sostiene un cambio de hábitos. Algunos sustentan que fue Perfirius Tadeus, el creador de la “Botijuela”, el iniciador de la ruta del perfume verde…

Ingenió una gran fiesta sumando a todos los trabajadores de las cuadrillas de recolectores de frutos oliváceos, al terminar el tiempo de su cosecha. Allí, comienza a sobresalir el citado, aún siendo muy joven. Cuentan. Arman mesas con productos regionales. Artesanalmente elaborados. Aceites de trapiche de primera y única prensada con perfumes característicos, imposibles de olvidar. Olfateo que perfuma el cerebro y jamás se olvida. Activando el recuerdo. Revolviendo y activando neuromas. El aroma perdura toda una vida…

Mesas cargadas de aceitunas en sus preparaciones diferentes. Barriles de estiba cargados con el producto característico de la zona. Productores primarios de una especie que llegó para quedarse. Para expandirse dadivosamente por las sierras embelleciendo el paisaje y reverdeciendo el follaje de Jaén. Orgullo de los jiennenses que, en su gran mayoría, viven de las bondades que brinda el olivo. Desde su fruto maduro, aceites, recetas varias, remedios caseros y ungüentos surtidos…

Enterado el rey Fernando III, mandó emisarios para que contrataran al joven diestro en el manejo de armas manuales. Pasando a formar parte de su nutrida escolta y abandonando la clandestinidad. Pasando a una vida palaciega donde desarrolla una extensa labor educativa.

En su mejor momento gozó de alta fama; siendo honrado con las simpatías de esbeltas mujeres, allegadas a la corte. Y el hombre hizo lo suyo. Rápido para los mandados, lo apodaron “el hijo del viento”… Atravesaba ventanales y rendijas surtidas. Una brisa de amor fulminante. Fue enhebrando historias y conocimiento. Mientras, ampliaba la población de la Corte y sus aledaños. Efectivo en lo afectivo. Supo brindar alegrías con sorpresas a más de cuatro…Era una ráfaga imparable, cambiando climas y alterando clímax… Masajeaba a las doncellas con aceites verdes de olivos. Un artista indómito para el relax…

Mientras tanto, la vida iba transformando comarcas, aumentando el vecindario de gente buena e inocente. Se producía la multiplicación bíblica ayudada por el eximio matemático espadachín.

Pasado el tiempo, transcurren más de 50 años y vuelven a encontrar al “hijo del viento”, atolondrado, golpeado por el peso de los años. Doblado, gastado como un clavo oxidado. Pero aún, paciente asistente a la fiesta de la Botijuela. Lo encontraron blandiendo un florete, en la comarca no tan lejana al palacio de Torredelcampo, descarozando un apetecible coco. En una meza enorme, cargada de aceitunas verdes. Participando de otra copiosa fiesta.

Viejo es el viento, pero aún sigue soplando…

Unos ojos veteranos, pero sin problemas de estrabismos, ubican al otrora espadachín generoso y lo interroga feo.

–¿Por qué cambió la rutina en los festejos? –le disparó el aguerrido vecino–. !Usted siempre descarozó aceitunas convidando al gentío, don Tadeus!.

Respondiendo el notorio gladiador experimentado:

– No altero el desarrollo de la fiesta. La celebración sigue igual. El que va mal soy yo… Muestro que no perdí la habilidad de la esgrima, pero me está fallando la vista, señor. No veo las aceitunas, pero puedo saborearlas…

Emergiendo del mundo antiguo, reconocemos la historia. Diciendo simplemente que fue don Perfirius Tadeus un adelantado venturoso. Entre la soledad y el espanto por el devenir tormentoso. Buscador de tesoros, soñador testarudo con escudo protector. Con la astucia y la sagacidad como capacidad primordial para perfumar la vida. Una gota de olivo en el desierto para recordar sus días. Perfumando la playa de sus maniobras más exitosas.

Que el olivo no tenga olvido…

Ayudando a difundir los valores de atrevidos conquistadores que surcaron las tierras sin arrugar. Que florezcan en los olivos los recuerdos más queridos…

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