La Botella de Aceite de Oliva

La Botella de Aceite de Oliva

[Nadie Benaissa]

Son las 6:50 de la mañana. Faltan 10 minutos para que se levanten los amos de la casa. Estoy en la cocina recién despertada. No me encuentro bien. Esta mañana me he levantado con una sensación de tristeza. Ahora os explico. Me estoy dando cuenta de que cada día es igual.

Bueno, supongo que debería presentarme. Me llamo Botella, simplemente Botella. Mi nombre completo es Botella de Aceite de Oliva o Aceite Extra Virgen. Los que me conocen me llaman Aceite. Hay veces que me llaman Aceite de Oliva, pero nunca me llaman por mi nombre completo. Vivo en una casa en el centro de Madrid ya hace un par de meses. Los amos de la casa son muy amables. Tienen 2 hijas que se llaman Raquel y María. Son unas chicas muy majas. Las dos estudian en el instituto. Raquel este año termina segundo de Bachillerato y María acaba de empezar primero de la ESO. Se quieren entre sí, aunque hay veces que se pelean por tonterías. Ya sabéis, típica cosa de hermanas. Pero eso sí, por lo que me he dado cuenta la familia tiene una pequeña tradición, y es desayunar todos juntos a la misma hora. Ya se ve lo bien organizado que lo tiene todo la madre. Pues a lo que iba. La familia siempre desayuna a las 7:30 de la mañana. Los padres toman café con leche y churros, y las chicas a su vez, un colacao con tostadas de pan con tomate y un poco de aceite. Aceite de oliva, para ser más exactos.

Ya son las 7:10. Escucho el ruido del agua desde el cuarto de baño. Supongo que será el padre de la familia que se estará duchando.

Ay, mira. Aquí está la mamá. Ya toda arreglada, peinada, lista para ir a trabajar. Se acerca a la nevera. Coge la leche y la vierte en una cacerola para que se caliente. Es para preparar el café con leche y el colacao para las chicas. Ahora coge el pan y lo corta en 2 trozos. Después añade un poco de tomate cortado, una pizca de sal y ahora toca mi turno. Sus manos se acercan y ahora las siento tocar mi cuerpo. Suena ridículo, pero me vienen ganas de reír. ¡Es que me hace cosquillas! Abre el tapón y vierte cuidadosamente el contenido sobre las tostadas. Siento cómo el líquido baja despacio y toca los bordes de mi cuerpo. El aceite se mueve lentamente hasta llegar a la salida. Es sabroso, de color verde oscuro, con una textura suave y resbalosa. Un líquido aromático, dorado y transparente. El apreciado zumo del fruto del olivo. La seitun arabe. Hay veces que me pregunto: “¿Y si no fuera una botella de aceite extra virgen? ¿Qué otro objeto me gustaría ser?” Sinceramente, ninguno. Sí, absolutamente ninguno. Me gusta ser quien soy ahora y estoy muy orgullosa de esto. Me da pena ser consciente de que hoy en día la gente no le da mucha importancia a lo que utiliza y a lo que come en el día a día. Aunque parezca raro, todos los objetos que soléis ver vosotros, los seres humanos, somos seres vivos también. Tenemos nuestros pensamientos, nuestras emociones y sensaciones bastante personales. Como dije al principio, me levanté con una sensación muy rara, me siento triste. Me estoy dando cuenta de que cada día se parece al anterior, y mi función se ha vuelto algo habitual entre la gente. Soy una botella, una Botella de Aceite de Oliva. Pero no soy una botella normal y corriente. Si tomáramos conciencia de la importancia que tengo yo en el día a día de los españoles y no solo de ellos, a lo mejor la gente me apreciaría más. No, no me estoy quejando, pero ya os digo que ese líquido que llevo yo durante un par de meses en mi interior es mucho más que un líquido simple.

Ahora os cuento la historia. La historia verdadera y el camino que realiza este aceite, para convertirse en lo que utilizamos hoy en día cada uno de nosotros. Supongo que sabréis que el aceite de oliva se produce obviamente de las aceitunas. Pues nuestro caso empieza en los olivares de la familia Pérez, en Castilla La Mancha.

El territorio manchego está lleno de esos árboles maravillosos que hacen crecer frutos sabrosos y tan amados por todo el mundo. Sinceramente, la recolección de las aceitunas no es un trabajo para nada fácil. Las aceitunas tardan bastante en madurar. Se necesita casi un año entero para después poder saborear el aceite. Vaya paciencia que tiene la naturaleza para poder manejar todos esos procesos, porque si yo me pusiera en su sitio no creo que tuviera los nervios para tenerlo todo tan bien organizado y controlado.

Durante todo el periodo veraniego los frutos se “cuecen” bajo el sol caliente para después convertirse en lo que llamamos “aceituna sabrosa”. Normalmente, la recolección de estos bienes se realiza en los meses de octubre y noviembre, y hay veces que hasta en febrero, cuando estos frutos pasan de un color verde a un color violeta-rojizo y entonces están listos para la recolección. Después de haberlos recogido todos se envían a la almazara. Supongo que os estaréis preguntando qué significa esa palabra tan rara, “almazara”. No es nada más ni nada menos que un molino, o un lugar donde prácticamente se obtiene el aceite de las aceitunas. Y, además, es una palabra de origen árabe. Allí caen por una tolva a un gran cubo de agua pura y se separan de las hojas y ramitas, y se vacía el agua. Las olivas rebotan alegremente por el camino a la trituradora.

–¡Ay! ¡Cuidado! ¡No me pegues con tanta fuerza que me haces daño! –dice una aceituna verde a la otra.

–Perdón, es que no puedo controlar la fuerza con la que voy cayendo a la trituradora. ¡No es mi culpa! –responde otra aceituna de color violeta-rojizo.

Me hace gracia cuando suceden cosas así. Tienen una manía muy rara las aceitunas, y es que se ponen muy nerviosas al saber que deben realizar todo este trayecto para convertirse en aceite, y entonces es normal que tengan discusiones de este tipo por el camino a la trituradora. Aunque sinceramente, me parecen muy majas cuando discuten entre ellas. Son tan bonitas, sabrosas, llenas de energía y ánimo. Lucen algo especial. Tan diferentes y parecidas al mismo tiempo. Algunas más grandes que otras, ovaladas o simplemente redondas, verdes y rojas, violetas, o a veces casi negras. Todas ellas tienen una misión que las une y les hace ser una familia grande y feliz.

Pero bueno, ya basta de reflexiones. Sigo con la historia. Al triturarse las olivas poco a poco se convierten en una pasta. Una vez que ésta alcanza la consistencia deseada pasa a un sistema informatizado que regula su temperatura. A continuación se separa el aceite de los frutos iniciales. Unas filas de plancha de metal se sumergen en la pasta y el aceite se pega a ellas. Un paso por la centrifugadora separa el aceite de la pasta residual. El resultado es aceite de oliva virgen. Una muestra de cada lote pasa a un laboratorio donde un experto que tiene olfato para este trabajo huele el líquido extraído. El aceite debe tener un sabor muy bien afrutado. Si pasa el examen de este experto, el lote está listo para envasarlo. El proceso de envasado está totalmente automatizado. El aceite de mayor calidad se envasa en botellas de vidrio.

Exacto. En botellas como yo. Botellas de vidrio oscuro de tamaño mediano. Me considero guapa, la verdad. No sé cómo se sentirán mis hermanas siendo botellas, pero yo me siento fenomenal. Ya os lo dije antes, estoy muy orgullosa siendo quien soy y no me gustaría ser otro objeto. Me considero mucho más que una botella. Para el aceite soy como una madre. A parte de que le sirvo como protección, me considero una mamá que quiere a su pequeño tesoro que tiene dentro de ella en los meses de su embarazo. A lo mejor puede sonar rara esta comparación de botella-aceite y madre-embarazo, pero qué se le va hacer, es lo primero que se me viene a la cabeza.

Se usa vidrio oscuro para proteger el aceite de la luz ultravioleta del sol que pudiera provocar que se degradase y perdiera su intensidad. Conservado y protegido ya, va de camino para la tienda, y después a vuestra mesa. Pues bueno, este es el camino que hace una oliva hasta convertirse en lo que llamamos aceite. Nada fácil, ¿verdad? Una trayectoria casi infinita que en definitiva nos trae uno de los tesoros más apreciados y queridos durante siglos. Un líquido mágico que al consumirlo mejora nuestro bienestar, nuestra salud, nuestra piel y nuestro organismo en general. Entonces, ¿por qué el ser humano, a veces, se pone tan indiferente ante cosas que utilizándolas le hacen sentir mejor?

Son casi ya las 7:30. Veo cómo Raquel y María van comiendo con prisa las tostadas preparadas por la madre. Tostadas con tomate y aceite de oliva. Raquel se toma con prisa el colacao y baja corriendo las escaleras hasta salir a la calle. Escucho a María saliendo con su padre hasta llegar a la puerta del portal, donde se encuentran con Raquel y suben todos juntos al coche y esperan un par de minutos a la madre. La puerta de entrada se cierra. La casa se invade de silencio y no hay nadie que se quede conmigo.

Estoy aquí, en esta cocina, contemplando cada día cómo poco a poco lo que llena mi interior va disminuyendo. Y esto me hace sentir feliz, porque me gusta saber que soy una botella especial que conserva en sí una medicina, un líquido indispensable en la mesa de cada español, un líquido que forma parte de la dieta mediterránea y no solo de esta, un aceite que da sabor a la vida y da vida a todo lo que coméis en el día a día.

Me pregunto qué será de mí cuando el aceite que me llena se consuma del todo... ¿Me tirarán a la basura? ¿Decidirán reciclarme? O a lo mejor me reutilizarán para otra cosa. Quién sabe , quién sabe... La verdad es que falta poco. Prácticamente dos gotas de aceite. Seguro que las utilizará la madre para alguna ensalada que suele hacer cada día.

Bueno, ha llegado la hora de despedirnos. Ahora conocéis quién soy. Pero lo más importante es que ahora sabéis que no todo es tan fácil como parece y que detrás de una simple cosa que utilizáis en el día a día hay mucho más que un simple resultado. Detrás de lo que veis hay siempre un trabajo hecho con amor y paciencia sin depender de lo difícil que puede ser. No sé qué será de mí dentro de unos días, cuando ya no me necesiten en esta casa, pero estoy totalmente segura de que he aportado mi granito de placer a esta familia y me siento muy orgullosa de ser una Botella. Una Botella de Aceite de Oliva.

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