Cuervo que grazna

Cuervo que grazna

[Carlos Andrés Soto Vargas]

En el momento no siento dolor; sin embargo, me arden varias partes de mi cuerpo. Tengo mi pistola en la mano, estoy tirado en el piso, veo una marca de arrastre que termina en mi propio cuerpo tendido, pero no veo dónde se inicia, veo la sangre que se acumula a lo largo del rastro que voy dejando. De pronto llega el dolor, un dolor intenso acompañado de una sed insaciable y que nunca había sentido; supongo que estoy muriendo y lo único que me permite no desmayarme en este punto y hora, es que veo un árbol en medio de este árido paisaje, así que me dirijo a él como si en ello se me fuera la vida, aunque en realidad es así. No sé cuántos balazos tengo en el cuerpo, pero sé que mi pistola está vacía y lo último que recuerdo es a Rhessus, un pandillero-rapero que siempre ha sido mi antagonista, venir hacia mi auto junto a 4 de sus matones. Lo siguiente que recuerdo es que hubo muchos disparos por parte del grupo de Rhessus y por parte de mis acompañantes y, claro, por parte mía, que evidentemente vacié mi pistola. Pero todo es borroso y siento que no puedo más; de hecho, creo que trato de recordar lo que pasó solo como un truco para seguir arrastrándome hasta el solitario árbol y así poder morir en paz, bajo su apacible sombra.

Unas horas después (creo; la verdad el tiempo transcurre diferente cuando se está inconsciente) abro los ojos y creo que ya no estoy en la tierra y me siento más cómodo, pero mi percepción dura pocos segundos y vuelvo a caer inconsciente.

Ahora sí estoy seguro que ha pasado más tiempo, porque he visto a varios cuidadores, pero aún no puedo precisar quiénes son, porque mis periodos de lucidez siguen siendo muy cortos.

Finalmente reconozco a alguien: es mi primo Mauricio, estoy seguro que es él, pese a que no lo he visto en algunos años, pero como fuimos muy cercanos en nuestra niñez, es de esas personas imposibles de olvidar, pese a que los años transcurran. Trato de hablarle, de preguntarle qué pasó, cómo me encontró, cuánto llevo aquí, dónde estoy, qué pasó con mis compañeros de balacera... en fin, todo lo que necesito saber, pero creo que estoy demasiado débil porque no me salen las palabras y mi primo me dice que descanse. Eso hago y noto que estoy en una casa algo rústica pero muy agradable, que hay una mujer, unos niños y mi primo, por lo cual deduzco que estoy en su casa con su esposa y sus hijos. Puedo mover mis pies, piernas, manos, brazos, cabeza... todo, así que calculo que estoy en condición de caminar.

Me levanto y exploro esta pequeña pero acogedora casa. Desde una ventana miro hacia fuera e identifico el árbol donde estaba tirado hace algún tiempo. Me ve mi primo y me indica que me recueste, para facilitar mi mejoría, y tan pronto intento hablar sale de mi un graznido entre metálico y gutural que me sorprende a mí mismo. Veo cómo mi primo baja su cabeza y me ayuda a sentarme en la sala, mientras yo sigo profiriendo malas palabras en la cabeza que se traducen en una serie atroz de graznidos incesantes. Mi primo logra sentarme y me explica: Él había seguido mi carrera musical en el mundo del hip hop, pero estaba aún más enterado de los problemas entre cantantes. Desafortunadamente copiamos mucho de la cultura rapera de los Estados Unidos, incluidos los nexos con negocios ilegales, las luchas por territorios, por honor, por la banda... por todo, en resumen. Me cuenta que por la radio escuchó del cruce de balas entre las pandillas (así nos llamaron) de Rhessus y Cuervo santo.

Como él estaba al tanto de mi nombre de calle, supo que estaban hablando de mí. Y poco después vio que llegué manejando erráticamente, que me detuve frente a su casa y me arrastré hasta el viejo olivo. ¡Claro! Lo que me resultaba familiar de esta casa, lo que me reconfortaba es que está construida en el antiguo terreno de cultivo de mi abuelo, que mi padre le cedió en su totalidad a mi tía y sus hijos y que por cosas de la vida ahora era solo de Mauricio, mi primo y compañero de infancia. Sigo graznando y Mauricio entiende que necesito más información.

Me cuenta cómo sus dos hijos me encontraron afuera y junto a él me ayudaron a entrar a la casa; que gracias a su esposa, quien es enfermera, lograron estabilizarme y que gracias a él (aquí mira a lado y lado para verificar que sigamos solos) no me llevaron al hospital, para evitar que la policía me apresara. Me cuenta cómo cuidaron de mí por espacio de un mes y cómo las investigaciones preliminares determinaron que en la masacre de la que me salvé, habían determinado que ninguna de mis balas había matado a nadie y por tanto no me buscaban ya. Sin embargo, para no arriesgarme, ellos me trataron en su casa y finalmente descubrieron que una de las balas me atravesó la garganta y afectó mis cuerdas vocales. Hasta ahí escucho. Veo que él sigue hablando, como tratando de ocultar el hecho de que soy un cantante y que graznando ya no tengo profesión. No soporto más esta noticia y tengo que ir a la cama. Camino hacia ella, pero no llego; siento náuseas, mareo, rabia, frustración, miedo... llego casi gateando al baño y vomito. Me desmayo.

Despierto y ya es de noche. Me levanto y trato de actuar lo más normal posible, ayudar a alistar la mesa, a servir la cena y proceder a acompañar a la familia en este momento.

El tiempo pasa lento y estos dos últimos días de graznar de incredulidad me han devastado, porque no sé qué voy a hacer de mi vida, porque el dinero ganado ya lo gasté, no tengo bienes materiales importantes, no tengo pareja, hijos ni padres que me aten a ningún espacio. Como ya sé la rutina de la casa, sé que los niños ya van a llegar del colegio. Llegaron y los recibo. Jugamos, ellos hacen tareas y yo preparo la cena mientras pienso en lo que me llevó a ser cantante: básicamente alguien me dijo que rapeaba bien y vi en ello una oportunidad de canalizar mis energías, ganar dinero y ser reconocido. Pero ahora que lo pienso y me veo en el reflejo de una sartén muy pulida y brillante de la cocina, creo que tengo muchos intereses, no solo en la música. Ahora soy consciente de que me gustan la cocina, los deportes, la producción musical, la pintura, las matemáticas... en fin, creo que no estoy acabado.

Ya llegó Coral, la esposa de mi primo y cenamos todos. Mi reciente buen humor se hace evidente para todos y bromeamos mucho. De lejos, ha sido la mejor cena desde que llegué, porque mi mal humor y frustración eran bastante molestos. Hasta les logro escribir que resulta muy irónico que un cantante llamado Cuervo santo termine graznando más que hablando y más aún, que haya cuervos que pueden hablar mejor que yo.

Tras la cena agradable de anoche, dormí mejor y me levanto tan temprano como Mauricio y al fin lo acompaño a su trabajo: resulta que tiene una plantación de olivos y se está expandiendo de una manera importante. Tiene muchos trabajadores, máquinas y hasta un grupo de guías para recibir visitantes nacionales y extranjeros. Mauricio me lleva con una de las guías, la que más idiomas domina, y la reta, como parece que hacen todos cada vez que pueden, a que identifique el idioma que yo hablo. Ella se dispone muy atenta y concentrada a oírme y mi primo improvisa una retahíla incoherente de falsas e inventadas “palabras” dirigidas a mí, que no significan nada, pero la desconciertan totalmente a ella. Ahora todos me miran entre curiosos y expectantes, para escuchar mi respuesta, así que inicio con unos graznidos muy bajitos que nadie entiende y finalmente subo progresivamente mi tono, hasta que todos creen que estoy imitando a un ave (incluso algunos pensaron en un cuervo) y nos reímos mucho.

Mi primo les explica que no es ninguna imitación: que por un accidente (muy eufemístico el término para “balazo”) ahora no puedo hablar y solo me comunico con esa especie de graznido y les comenta que la broma fue mi idea, para que todos me conocieran sin asustarse y me aceptaran en el grupo, ya que mi primo piensa que el mejor lugar para mí es viendo gente y recibiendo a los visitantes, de manera que esté lo suficientemente ocupado como para no volver a deprimirme; lo que él no sabe y no tiene por qué hacerlo, es que ya salí de esa etapa, porque en últimas acepté que la música fue la herramienta que me ayudó a salir adelante, pero ahora veo que tengo muchas cosas que potencialmente me van a permitir seguir desarrollando todas mis capacidades, pero a diferencia del show de matoncitos brabucones que habíamos montado en la industria nacional del hip hop, pues acá no corría tanto peligro de recibir más balazos, ni tenía que ser agresivo para subsistir, que eran los dos aspectos que cumplí en mi vida de cantante, pero que ahora que los analizo, me resultan infantiles, cobardes y hasta absurdos, porque eso de vivir asustando o asustado no es realmente una vida que le desee a nadie.

Pese a que me convertí en un experto catador de aceites y que me hacía entender bastante bien con señas y la escritura, encontré que atender al público no era lo mío; no por complejos o problemas, porque ya acepté mi nueva condición, mi paso de ser un cantante llamado Cuervo santo a ser un catador poco santo que grazna como cuervo. Hoy voy a hablar con Mauricio, porque resulta que él también utilizó la misma analogía de los apellidos para su empresa; es decir, así como yo tomé mis apellidos paterno y materno (Cuervo y Santos) para mi nombre artístico, mi primo tomó el apellido de su madre, mi tía, y desarrolló la marca de aceite de oliva “Cuervo del campo”. Me parece que el destino habla y que estaba ligado a esta empresa desde que jugábamos cuando éramos niños.

En ese orden de ideas, para retribuirle todos los favores a mi primo le informo que ya tengo el dinero suficiente para alquilar mi propio espacio y que me iré de su casa. Además, le cuento mi intención de ingresar a una universidad, estudiar publicidad, y aportarle al negocio más que un buen catador (que ya hay en la empresa, aunque creo que soy el mejor, modestia aparte; sin embargo, no siento que sea ese mi destino), las recetas que desarrollé con su espectacular aceite de oliva y sus aceitunas de primera calidad, ya quedaron con los chefs y las pueden replicar fácilmente e incluso desarrollar otras, así que mi labor en la cocina también terminó.

“Hablo” con todos en la casa, les explico mi plan. Veo que dudan, no de mis capacidades, sino del cambio, porque ya se acostumbraron a mi presencia, pero les hago entender que, así como llegué un día a su casa, hoy me iba de ella, pero ya estaba ligado a sus vidas para siempre. Aceptan, con algo de llanto y melancolía, los cuales son momentos que siempre he procurado evitar, desde mis días de duro rapero, así que me excuso rápidamente y voy a mi cuarto a alistar todo para irme.

Hoy me voy a mi nueva casa y sigo trabajando para Mauricio. Adicionalmente, voy a presentar el examen para la universidad y después iré a mi trabajo de catador en “Cuervo del campo”. No veo ningún inconveniente en mi vida y puedo decir, casi por vez primera, que soy feliz, sintiendo que no estoy engañando a nadie y mucho menos a mí.

Ya que pasé a la universidad, estoy más dedicado a los estudios que a otra cosa, y por eso cambié mi puesto en la empresa de mi primo. Ahora solo organizo visitas con los grupos de estudiantes, profesores y cuanta persona puedo convencer, para hacer oleoturismo, que casi nadie conoce y muchos aceptan por curiosidad, pero vuelven convencidos de toda la mística que tiene el cultivo de las olivas y su proceso hasta convertirse en aceite de oliva, así como las variedades de aceite que se pueden obtener. Tengo un mal presentimiento de la cita que me hizo mi primo para hoy en la noche, porque como he descuidado mucho el trabajo para rendir en el estudio, temo que ya no sirva para trabajar en su empresa y tiene razón, lo entiendo y voy dispuesto a aceptar todo.

Efectivamente ya no trabajo en la empresa de mi primo; desde anoche que hablamos... ¡Trabajo en nuestra empresa! Me participó de una buena parte de la empresa y ahora soy parte de los dueños de “Cuervo del campo”. Me siento tan feliz que nada parece que detenga mi proyecto de felicidad. Incluso me siento capaz de acercarme a Estela, una compañera que poco a poco se ha ido ganando un lugar en mi corazón y creo que no le soy indiferente del todo, pese a mis graznidos y mi particular forma de comunicación, mezcla de señas inventadas, señas convencionales, escritura, humor negro y mucho de improvisación.

Hoy nos graduamos con Elena y de paso nos vamos a vivir juntos. Ya somos publicistas y logré ubicar un trabajo para ella en “Cuervo del campo” para que aseguremos nuestro futuro. Estamos cenando por vez primera en nuestra propia casa y le cuento del trabajo para ella en mi empresa, pero ella se niega rotundamente; lógica como siempre ha sido, enfatiza en que no es prudente tener una sola opción de trabajo, es decir, no es inteligente que trabajemos en una sola empresa porque dependeríamos absolutamente de ella. Además, argumenta que nos entendemos bien en todo, pero que no es necesario arriesgar la relación al saturarnos permanentemente viéndonos en el trabajo, con cargos diferentes, con unas necesidades laborales que pueden afectar la vida en pareja... y, por si fuera poco, la sorpresa que ella tiene es que ya consiguió su primer trabajo como publicista en otra empresa. Acepto la fuerza de sus argumentos y pasamos a nuestra luna de miel, que a mí me gusta llamar “luna de aceite”. Reímos y somos felices.

Hoy se cayó el viejo olivo que estaba junto a la casa de Mauricio. Solo ahora me entero que fue la forma en que mi abuelo le dejó a sus hijos este terreno, los reunió a los dos (mi padre y mi tía) y los involucró en el acto de sembrar un pequeño olivo. Una vez terminaron les explicó que los olivos eran el nuevo proyecto de la familia, porque existía mercado para ello y la crianza de pollos ya no era rentable; les comentó que necesitaba contar con los dos para poder sacar adelante el proyecto y así hicieron un pacto los tres, frente al entonces joven e indefenso olivo.

Al poco tiempo, murió el abuelo y mi papá no quiso saber nada más de ese negocio y se empleó en una empresa, dejándole a mi tía la casa y el proyecto del olivar, cediendo su parte sencillamente por una cuota mensual que mi tía enviaba producto de las ganancias del olivar. Con el tiempo mi tía se casó y formó su familia, al igual que mi padre, y cada uno de ellos hizo su vida en caminos distintos, pero seguían estrechamente unidos a la casa, al olivo y al negocio que, pensaba yo, era solo de mi tía, pero que era un motivo de gratos recuerdos del abuelo para ellos dos. Ahora que cayó el viejo olivo, vengo con mi esposa, ahora embarazada, y acompañamos a Mauricio, Coral y los niños, para sembrar un nuevo olivo.

A los pies del mismo, entierro estas páginas de mi diario, que explican un poco la historia de la familia y que pienso dejar enterradas en un cofre hasta que mi hijo Bruno tenga edad de comprender y perdonar todas las locuras de su padre, saber algo de la vida de su abuelo y del pacto de su bisabuelo con la tierra, con un olivo ya desaparecido y con sus dos hijos; me parece obvio que las raíces de un árbol que nos ha dado todo contengan la historia de mi familia, la familia Cuervo, poseedora de un cultivo de olivos, productora de aceite de oliva y de aceitunas para la mesa, involucrada en el negocio del oleoturismo, que ofrece una variedad de platos basados en las aceitunas y que posee el único humano que grazna de felicidad: tu padre, que aun sin voz, se comunica desde las raíces de la tierra, desde las raíces de la familia y las raíces del tiempo, para que sepas algo de nuestra propia historia.

 

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