Algo más que una aceituna

Algo más que una aceituna

[Natália Ester Podhorská]

“¡Olivia! ¿Dónde estás? Nos tenemos que ir, el desayuno lo tienes preparado en la mesa”. De nuevo. Son las ocho y media y mis padres salen de casa y van a nuestra empresa familiar. Nuestra familia posee una fábrica de aceite de oliva y están muy orgullosos de ella, porque esta fábrica fue fundada por el abuelo de mi padre. Me llamo Olivia María Trillo Alegre, tengo 12 años y vivo cerca de Málaga. Creo que mis padres están obsesionados con las aceitunas y por eso mi primer nombre es Olivia, aunque es mejor que Aceituna, ¿no?

Mañana. Todo era como todos los días. Me levanté cuando mis padres salieron de casa y desayuné una tostada que ya había preparada en la mesa y mi profesora vino a nuestra casa. Hoy he tenido mates, lengua, geografía e historia.

Por fin hemos acabado y la profesora se va. “¡Hasta mañana, Victoria!”. Saludé y corrí al jardín. Allí más lejos, donde ya están los árboles de aceitunas. Tengo prohibido jugar allí, pero es un lugar increíble para descansar. Nadie está allí, solo yo, Olivia, con las aceitunas.

Me he tumbado en el suelo y descanso. Estoy mirando al cielo y es súper claro, no hay ni una nube. Alrededor de mí hay árboles con unas aceitunas tan pequeñitas; están muy ricas. Siempre cuando estoy aquí, pruebo una, dos... aunque vivo toda mi vida con las aceitunas, es decir, las comemos casi siempre, usamos aceite de oliva, todavía me gustan mucho... Al mismo tiempo, alguien empezó a hablarme. “¡Hola Olivia!” Echo una mirada alrededor de mí, pero no veo a nadie. “¡Aquí! Aquí, abajo estoy”. Miré abajo y estaba allí alguien o algo, no sé, era tan pequeñito. Su cabeza era casi como la nuestra, pero su cuerpo era muy diferente, era de cuatro aceitunas y tenía dos piernas y dos brazos... “¿Quién eres? ¿De dónde me conoces?”, pregunté, y tuve un poco miedo. “Me llamo Rocío, soy la reina de este campo de olivos”, respondió, y me quedé sorprendida. Nunca he visto a alguien así, especialmente una reina de las aceitunas. “¿¡En serio!? ¿Pero, cómo es posible?”, pregunté porque tuve curiosidad. “Mira, cada campo tiene sus reyes. Yo estoy aquí desde el principio. Nací allí, en ese árbol más alto, fui la primera. Y ahora es mi trabajo proteger y controlar la productividad de las aceitunas nuevas. Gracias a mí, tus padres tienen abundancia de aceitunas y pueden producir aceite de oliva o simplemente venden las aceitunas”. “¡Qué guay! ¿Por qué nunca te he visto? ¿Por qué mis padres no me han dicho nada sobre ti?” “Olivia, ni tus padres ni nadie más me pueden conocer. Solo tú. ¿Me entiendes? Tú eres la preferida. Tú eres una de nosotras, Olivia”, dijo Rocío con la cara muy pero que muy seria, y yo con la boca abierta asentí con la cabeza. “Bueno, necesito tu ayuda. Tenemos que visitar otro campo de olivos para encontrar nuevos servidores o bueno, como vosotros decís, nuevas aceitunas que me ayuden a mejorar nuestro ambiente. Sabes, las aceitunas de otros campos tienen varios estilos de vida. Pues si encontrásemos nuevas, podrían ayudarnos”.

“Pero…. Yo tengo solo 12 años, no puedo viajar sola y tampoco conozco otros campos de olivos…”, dije a Rocío, y en ese momento tuve una idea. “Rocío, me vino a la mente que hace poco mis padres hablaron sobre oleoturismo. Este viaje podría ser para nosotras una oportunidad para obtener nuevas aceitunas”. Rocío estuvo de acuerdo con mi idea. “Muy bien, Olivia, ahora ya tengo que irme, pero mañana a esta misma hora nos encontraremos aquí, ¿vale? ¡Pregunta a tus padres sobre oleoturismo!”, dijo Rocío, y se fue.  Me levanté del suelo y empecé a pensar sobre lo que acaba de ocurrir. En serio he visto a la reina de nuestro campo de olivos, en serio quiere que le ayude y lo pésimo es que no puedo hablar sobre esta situación con nadie. Me siento como una princesa que tiene un secreto del que no puede hablar, como esa princesa Sofía. Me encanta esta fábula.

“Olivia, ¿dónde estás?”, gritaron mis padres y ya estaba corriendo a casa. “Hola, ¿qué tal?”, pregunté a mis padres y me respondieron como cada día: “Bien. ¿Y tú, qué tal con Victoria?”, y no me vais a creer, pero yo respondí también lo mismo como cada día “Muy bien”. Pues ahora nuestra conversación cotidiana está completa y puedo empezar a hablar sobre un viaje de oleoturismo.

 

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Hoy es el día. ¡Vamos a hacer un viaje de oleoturismo! Empezamos en Sevilla, después vamos a Granada y nuestra última parada estará en Jaén. Aquí, en la casa tenemos aceituna Aloreña. Gracias a este oleoturismo vamos a conocer también aceituna Cuquillo, Lechín de Granada, Marteña y Obregón. Espero que a Rocío le guste alguna de estas aceitunas.

Desde la mañana estoy preparando mi maleta y siempre tengo la sensación de que algo me falta. Las cosas de higiene “las tengo”, el libro “lo tengo”, la ropa necesaria “la tengo”, los juguetes necesarios y mi osito de peluche Ñimbo “los tengo” y… ¡Claro! Todavía no tengo lo más importante: la reina Rocío. Voy a preguntarle si ya está preparada, porque salimos de casa a las dos y media de la tarde y ahora son las once de la mañana.

“La reina Rocío. ¡Rocío! ¿Ya estás preparada?¡Dentro de poco nos vamos!”, grité enfrente del árbol más grande. “Sí, estoy preparada, podemos irnos”, respondió Rocío con una voz tan fina. “Espera… ¿Cómo te voy a esconder? Si mis padres no te pueden ver...”. Miré a la reina, pero ella ya tenía todo planeado.  “Olivia, mira, en tu sudadera hay un bolsillo. Yo soy pequeña y tu bolsillo es más grande que yo. Podría estar allí todo el tiempo cuando estemos en el coche”. “¡Qué guay! ¡Qué lista eres! Pues vamos. ¡Salta aquí a este bolsillo, porque en el otro tengo golosinas! ¿Te gustan las golosinas?”  “¿Golosinas? Soy la reina de las aceitunas, yo soy aceituna. Nosotras no comemos golosinas, es comida para vosotros, niños”. “¡Oh! No lo sabía, perdóname”. “Olivia, tienes tantas cosas que aprender”, dijo Rocío con la cara seria. “Claro, lo sé. Pero yo tengo solo doce años, espera unos años y vas a ver que sabré muchas más cosas en el futuro”, me defendí. “Vale, ya estoy preparada en tu bolsillo”, anunció. “¿Nos podemos ir?”, pregunté. “Sí, pero espera”, dijo Rocío y yo miré al bolsillo si está todo bien. “¿Qué pasa?”. “Te quiero solo decir que aprecio mucho todo lo que haces por mí y te doy mil gracias. Todo el campo de olivos te da muchas gracias”, dijo Rocío con una sonrisa brillante. “De nada. Estoy muy feliz de poderos conocer. Espero que vivamos muchas experiencias juntas. Pues, ¡Vámonos! ¡Nuestra primera aventura nos espera!”, dije y corrí a casa. Allí ya estaban mis padres con las maletas preparadas. “Olivia, ¿nos podemos ir?”, me preguntaron y yo asentí con la cabeza que sí.

Ya estamos en el coche. La primera parada es Sevilla, estaremos allí durante cuatro días. Pero primero tenemos que sobrevivir dos horas y quince minutos en el coche. Pues suerte que tengo aquí mi Ñimbo y un libro. Mi papa está conduciendo nuestro coche y mi mamá ya está durmiendo. ¿Y qué hace Rocío? He mirado a mi bolsillo y allí al lado de un chicle está durmiendo. ¡Jajajajaja, qué mona! Estoy un poco cansada también, creo que voy a dormir un poquito, al final me espera una aventura increíble, pues necesito fuerza y mi Ñimbo me ayudará a pegar ojo.

“Bienvenida a Sevilla”, grita mi papá, y mi mamá y yo nos despertamos. “Mira, allí está nuestro hotel”, indica mi papá con el dedo hacia un hotel muy bonito. Dentro de pocos minutos ya estamos enfrente de este hotel. Al lado del hotel hay un campo de olivos: “Papá, ¿allí vamos mañana?”, pregunté a mi padre y él asintió con la cabeza. He abierto el bolsillo de mi sudadera y se lo he enseñado a Rocío, parece muy feliz. Ahora solo vamos a dormir para que mañana podamos ir a ese campo. Espera, ¿dónde está Ñimbo? ¡Ah, aquí! Buenas noches.

“El sol dice hola, la luna dice adiós. Buenos días, canto yo, hay que levantarse, el día ya empezó…”. Estoy cantando mientras tanto estamos preparándonos, nos vestimos, nos lavamos los dientes… Y vamos a comer a la cantina en la planta baja. Miro a Rocío, pensaba que quería ir conmigo, pero me dijo que ella no comía como nosotros. Wow, esto no lo sabía y ya la conozco de bastante tiempo. Bueno, siempre intento aprender todo lo que pueda, el conocimiento es una llave que abre muchas puertas. Por ejemplo, ahora conozco más y más a la reina Rocío, y un día seremos las mejores amigas, probablemente. Cogí a Ñimbo y fuimos a desayunar. A las once nos encontraremos con un administrador de ese campo de olivos y después, por la tarde, vamos a visitar el centro de Sevilla, se dice que es muy bonito, y si estamos aquí, ¿por qué no lo vamos a visitar?

Ya son las once y enfrente de mi está Juan, el administrador del Marazé, que es el nombre de este campo donde estamos. Es muy bonito y grande. Tiene más de trescientos árboles de olivas, y el tipo de aceitunas que hay aquí son Cuquillo. Qué nombre tan interesante, jajajaja, se parece a la palabra cuchillo, la cosa que uso para comer pollo, para cortarlo, aunque todavía uso más mis manos que un cuchillo. “¿Olivia, quieres dar un paseo por el campo? Porque yo voy a hablar con tus padres sobre la productividad, consejos… Sabes, estas cosas para los adultos”, me dijo Juan con una sonrisa. Cuando terminó, Rocío en mi bolsillo era taaaaaaan feliz. Por ella, voy a aprovechar esta oportunidad. “Sí, me encantaría dar un paseo”, respondí con gran entusiasmo. “Pero Olivia, por favor no dañes nada”, gritan mis padres, y yo ya corro entre los árboles. Esta es su frase típica, suerte que me dejaron ir.

“¿Olivia, por favor puedo ir afuera de tu bolsillo?”, me preguntó la reina. “Claro que puedes. Ya estamos solas, solo con las aceitunas. Pues, ¡salta!”, dije a la reina, y ya estaba al mi lado. Todavía me asombro de lo bonita que es, y lo interesante que es. Nunca he pensado que voy a ver o conocer a alguien o algo así, aunque soy niña y mi fantasía es variada. “¿Está aquí alguien? Yo soy la reina, Rocío Annabelle Aloreña Trillo, de las aceitunas Aloreñas del campo Trillos”, dijo Rocío con una voz seria y orgullosa. “Buenos días, reina Rocío del campo Trillo, te damos la bienvenida y te preguntamos ¿qué quiere usted de nosotras, las Cuquillos?”, dijo una aceituna más pequeña que Rocío. “Estoy aquí para visitaros, para hablar con vosotras, compartir algunos consejos. Por lo tanto, querría hablar con vuestro rey”. “Yo soy el rey de este campo Marazé, me llamo José Cuquillo Fernández Marazé, pero llámame Jose”. “Mucho gusto, Jose”. “Espera, la persona, la chica que está a tu lado, ¿quién es?”. “Me llamo Olivia María Trillo Alegre. Soy amiga de la reina”. “Sí, es mi ayudante, solo gracias a ella tengo esta oportunidad de estar aquí, por lo tanto, por favor déjala aquí con nosotros. Ella no dirá nada a nadie. En serio”, dijo la reina al rey y yo solo los miraba a ellos y escuchaba su conversación. Después ellos dos decidieron ir al palacio de Jose, que era un árbol muy alto. Yo no podía ir allí, aunque no soy tan grande, en su palacio no quepo. Decidí tumbarme en el suelo y mirar al cielo que era súper claro.

Después de una hora más o menos, la reina Rocío vino y me dijo “Tengo algunos consejos muy buenos, pero no tengo lo principal, no me dejan coger un servidor, una aceituna para casa”. Parecía un poquito triste, por lo que le dije: “Rocío, mira, tienes nuevos consejos, conoces un nuevo estilo de vida, ¿así es? La verdad es que no tenemos ninguna aceituna para llevar a casa, pero no estés triste, por favor, todavía nos espera el campo de olivas en Granada y en Jaén. No creo que volvamos a casa sin alguien nuevo. Tienes que creerme”. “Sí, Olivia, tienes razón”, me respondió Rocío y saltó a mi bolsillo.

Los tres siguientes días estuvieron llenos de aventuras. Visitamos muchos monumentos famosos en Sevilla. La reina Rocío estaba escribiendo en su cuaderno conocimientos nuevos. Otra vez, algo interesante. ¿Sabéis que las aceitunas también tienen cuadernos?, pero son taaaaaaaaaaaaan pequeños que para nosotros no sería posible escribir ni una letra, pero para ellas es como para nosotros nuestro cuaderno. ¡Qué guay!

 

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“Granadaaaaaaaaaaa”. Nuestro segundo destino nos saludó. Granada, ciudad muy bonita. Nos alojamos en un hotel que está bastante cerca del campo de olivos. La reina ya está impaciente, pero tiene que esperar todavía dos días, porque al campo vamos el jueves y hoy es martes. Suerte que ahora ya son las siete de la tarde, pues dentro de poco vamos a dormir, mañana vamos al centro, visitamos algo nuevo, y vamos a comer tapas. Me encantan. Se dice que son muy buenas, ricas y que son muy baratas aquí. Y después, ya será jueves. El día grande para la reina, espero que conozca un nuevo estilo de vida y también que podamos coger una aceituna para casa, un servidor para ella.

“¡Holaaa jueveees!”, grito cuando me levanto de la cama. “Buenos días, papá, buenos días mamá, buenos días ciudad preciosa, nombrada Granada”. Saludo a todos. Otra vez, como cada mañana, nos vestimos, nos lavamos los dientes… y vamos a desayunar a la cantina en el hotel, ya sé que la reina no desayuna como nosotros, pues ya no le pregunto si va con nosotros.

Desayuné churros con chocolate. A la una nos encontraremos con el administrador del campo de olivos. Ya es casi la una, corro a la habitación para coger a la reina y podernos ir.

“Hola, bienvenida al campo Santiti, me llamo Santiago García Forbeles y soy el administrador de este campo. Aquí podemos ver más de seiscientos árboles de oliva…”. Estaba hablando Santi sobre su campo, del que estaba muy orgulloso, al menos lo parecía. Este hombre ya no me ha preguntado, como Juan, si quiero dar un paseo por su campo, por lo que le pregunté sola a mis padres y ellos me respondieron que lo tengo que preguntar a Santi, pues me armé de coraje y le pregunté. “Olivia, esto no es un parque infantil, esto es un campo de olivos, este lugar no sirve para jugar, pero ahí cerca hay un parque infantil. Vaya allí”, me respondió con la cara seria y vi que él no tiene hijos. Mis padres me han dado la mano para que pueda andar con ellos. No sabía qué hacer. Para la reina es necesario encontrarse con el rey de aquí. Miré a mi alrededor y descubrí que el parque infantil y el campo de olivos están divididos solo por un cerco. “Mamaaaa, por favor, no podría ir allí al parque infantil, me vas a ver, mira está ahí. Por favoooooor”, pedí permiso a mi mamá. “Olivia, ¿te aburres tanto?”, preguntó mi mamá con la cara rara. “Mamá, no me gusta Santiago, es muy serio, me parece que tampoco él quiere que yo esté aquí, porque sabes son las cosas para los adultos, perdóname”. “Vale Olivia, vete, pero no vas a otro lugar, solo al parque infantil”. “Vale, mamá, gracias. Nos vemos allí. Hasta pronto papá y mamá”. Saludé a mis padres y corrí al parque. Allí saqué a la reina de mi bolsillo. “Rocío, se nos ha cambiado el plan. Estamos en un parque infantil, pero antes que te enfades, mira, aquí hay un cerco, detrás de este cerco está el campo. Te puedo dejar allí, pero no puedo ir contigo...”. “Olivia, no pasa nada, voy allí sola, ¿cuánto tiempo puedo estar allí?”. “Pues mira, allí están mis padres, creo que ahí está el palacio de este campo, porque ese árbol es el más alto, tienes que controlar desde el palacio si todavía están allí mis padres. Yo te espero aquí, sin ti no me voy de este parque, ¿vale?”. “Vale, Olivia, gracias espero que no tarde mucho tiempo. Hasta pronto Olivia”, me dijo la reina y ya se ha perdido entre los árboles de olivas. Tengo un poco de miedo. Espero que encuentre lo que quiere encontrar. Este parque infantil es muy guay. Hay tantas cosas aquí. Voy a disfrutar aquí del tiempo.

“¡Olivia, Oliviaaaa!”, está gritando alguien mi nombre. Miro alrededor de mí, y todos están jugando, nadie parece que grita mi nombre. ¡Espera! Esta voz la conozco, es la voz de Rocío. Miro al cerco y allí estaba esa pequeñita persona, la reina Rocío. “Rocío, hola, ¿qué tal? ¿Todo bien?”. “Hola Olivia, todo bien, aunque otra vez me falta…”.

“¿No, otra vez no podemos coger ni una aceitunita?”. “Noooo, mira aquí está mi servidor nuevo, se llama Raúl”, dijo la reina contenta y me ha enseñado una aceituna pequeñita negra, imagínate una aceituna negra con dos piernas y dos brazos. Así era el nuevo servidor, Raúl, de la reina. “Pues, ¿qué te falta?”, pregunté. “Aunque tengo nuevo servidor, no me han dicho su estilo de vida y Raúl no nos lo puede decir porque no sabe casi ni andar, no me han dicho nada, el rey era muy serio, creo que es gemelo de ese administrador Santiago de este campo Santiti”. “Ahhhh, qué raros son. Pero no olvides ¡Que no hemos estado en Jaén todavía!”

 

**************

“Bienvenida a Jaén”. Veo una señal desde la ventana de nuestro coche y ya grito “¡Ya estamos aquíííí!”. La ciudad es muy famosa por las aceitunas, por el aceite de oliva. Cogí a mi Ñimbo y a la reina y por la ventana les he enseñado Jaén. Qué buen tiempo hace aquí. No hace tanto calor como en Sevilla y en Granada. En Jaén estaremos durante tres días. Hoy ya no vamos a hacer nada, mañana visitaremos un campo de olivos y al día siguiente vamos a visitar el centro, y tengo muchas ganas de comer la paella, pues ese día la vamos a comer en el centro. Ya son las ocho de la tarde, vamos a cenar algo y después vamos a dormir. Claro, nuestra cena tarda normalmente dos o tres horas, pues no penséis que voy a dormir a las nueve, normalmente voy a dormir a las once.

“Buenooooooooooooos días”. Hoy es el día en el que vamos a visitar otro campo de olivos. A las dos nos encontraremos con el administrador. Espero que sea como Juan y que no sea serio.

“Os presento el campo de olivos en Jaén, se llama campo Amina. Tenemos aquí aceituna Marteña y yo soy el administrador de este campo, me llamo Victoria Sofía Amina Núñez de León, pero llámame Sofía…”. Así se nos ha presentado la administradora y yo estaba impaciente, esperando el momento para sacar a la reina Rocío de mi bolsillo y conocer nuevas aceitunas. “Niña, si quieres puedes escucharme sobre este campo, su historia, etc., o mejor puedes descansar allí, mira, debajo de ese árbol. Debajo de este árbol está la excursión, también termina pues tu estarás allí primera. Si quieres puedes ir allí, hay allí un columpio también”, me ha dicho Victoria con una sonrisa grandísima. “Victoria, tu idea suena muy bien, ¿puedo?”, pregunté a mis padres y me respondieron que sí. Corrí allí, debajo del árbol. Este árbol es el más alto de todos. ¿Qué significa esto? Siiiiii, es el árbol que es palacio para las aceitunas. “¡Rocío! Mira donde estamos. Victoria me ha dicho que puedo estar aquí hasta el fin de la excursión, que es más de una hora y este lugar es ¡el lugar con el árbol más alto!”. “¡Olivia María Trillo Alegre, me sorprendes cada día más y más!”, dijo la reina y estaba súper feliz. Me encanta cuando está feliz.

“¿Hay aquí alguien? Yo soy la reina, Rocío Annabelle Aloreña Trillo, de las aceitunas Aloreñas del campo Trillos”, dijo Rocío con una voz seria y orgullosa, casi como en el campo Marazé. Nadie le respondió. Lo intenta decir otra vez. Y otra vez. Otra vez. Al mismo tiempo algo susurra: “¿Alguien está aquí?”, pregunta Rocío con la cara sorprendida. “Mucho gusto Rocío Annabelle Aloreña Trillo, la reina del campo Trillos. Por favor, ¿quién es esa persona cerca de ti?”, preguntó aún la persona desconocida. “Es mi ayudante, es de mi campo, tiene doce años, por favor no tengas miedo, ella es una de nosotros, ella nos conoce y no dirá nada a nadie”, dijo Rocío y la voz fina nos respondió: “Vale, reina del campo Trillos, me llamo Ramazan, usted querría ver a nuestra reina, ¿así es?”, preguntó Ramazan. Ramazan era una personita, de dos aceitunas, me interesaría saber cómo funcionan sus cuerpos, porque el servidor Raúl es solo de una aceituna, Ramazan es de dos, la reina es de cuatro con la cabeza casi como la nuestra. Interesante. “Sí, así es Ramazan ¿podría ver a vuestra reina, por favor?”, respondió Rocío a la pregunta y los dos se fueron dentro del árbol.

Al poco escuché una risa. “¿Quién es?”, pregunté porque quería saber qué es lo divertido. “Olivia, soy yo con la reina”. “Hola, Olivia, me llamo Pamela Estella Amina Rodríguez y soy la reina aquí. He escuchado sobre ti tantas buenas cosas...”, me dijo la reina Pamela y yo solo la miraba con los ojos grandes. Era tan especial, la mitad de su cuerpo era negro, el otro era verde. Wow, ¡qué bonita! “Buenos días, reina Pamela, mi nombre como veo ya lo sabes, solo quiero que sepas que tu campo es ¡muy bonito, me encanta!”. “Muchas gracias, Olivia, me encanta poderte conocer”. “Yo a ti también”, le respondí a ella y vi a mis padres. “Reinas mirad, la gente ya viene hacia aquí, perdona reina Rocío, creo que ya tienes que volver a mi bolsillo”, les anuncié a las dos. “Reina Pamela, estoy feliz que te pude conocer, espero que nos veamos pronto. Gracias por todo”, dijo Rocío a la reina Pamela. “No, gracias a ti. Me has dado tantos consejos sobre cómo puedo mejorar mi campo, que nunca me olvidaré de ti y espero que nos veamos prontito, mi reina del campo Trillos, y Olivia ¡Hasta prontoooo!”, dijo la reina Pamela y se fue dentro del árbol y la reina Rocío a mi bolsillo. La miré a ella y sonreí. En mi bolsillo ya estaban tres personas aceitunas. Una era la reina Rocío, otra era Raúl del campo Santiti y el tercero, era el nuevo de este campo. Rocío me dijo que su nombre era Teodoro. ¡Qué nombre tan chulo! Jajajajaja.

Después, cuando estuve sola, sin padres, pregunté a Rocío. “¿Qué tal? Dime por favor”. “Olivia, qué curiosidad tienes”, sonrió. “Pues le he dado muchos consejos, y ella a mí. Me ha dado también un servidor suyo. Y cuando ella venga a nuestro campo nosotras le daremos otro servidor. Esta reina es muy maja, muy amable, me encanta”, dijo Rocío y sonrió otra vez. Ahhhh, qué mona es.

El día siguiente ya era nuestro último día, lo que significa que hoy tengo para almorzar paella y también hoy es nuestro último día de este oleoturismo. Mis padres ya saben nuevas informaciones sobre aceitunas, yo he cumplido el anhelo de la reina Rocío y Rocío está súper feliz, que tiene tantos conocimientos nuevos y dos servidores, Raúl y Teodoro.

¡Por fin en casa! Aunque este viaje fue muy bueno, hemos conocido nueva gente, hemos visto nuevas partes de nuestra tierra, etc., siempre la casa es el mejor lugar. Por eso creo que se dice en inglés “Home sweet home”.

¿Y qué ha pasado con la reina? La reina, hasta hoy reina de nuestro campo, aunque mis padres no la conocen, ella los conoce ellos, sabe qué quieren. Los ayuda a ellos. Nos ayuda a nosotros. Gracias a todos sus conocimientos y servidores nuestro campo cada año mejora. Mis padres están muy felices por cada cosecha. Este año también hemos ganado “La mejor aceituna de España.”

Reina Rocío Annabelle Aloreña Trillo, te doy mil gracias por todo. Haces tantas cosas para nosotros, aunque eres “desconocida”. Gracias.

 

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